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Y para tí, ¿qué es follar?


¿Desnudos? ¿orgasmo? ¿masturbación? ¿penetración? No hay consenso entre las lesbianas de lo que se entiende por ‘follar’. Sensaciones y necesidades muy personales que se entremezclan con el oscuro pasado de lo que históricamente se ha considerado sexo entre mujeres. Chicas de toda España nos cuentan qué es follar. ¿Y para ti?

Dos chicas se conocen en una discoteca. Toman una copa, bailan y terminan la fiesta encerradas en el baño del local. Se besan en la boca, se quitan los sujetadores, se levantan la camiseta. Se tocan. La mano de una de ella busca el clítoris de su compañera. La compañera prefiere hacer lo mismo con su lengua. Transcurren diez minutos y alguien golpea la puerta. “Salid ya, que aquí tenemos que entrar a hacer pis”. 

Las chicas salen, regresa cada una con su grupo de amigas. “Me he follado a esa en el baño”, dice una. La otra cuenta a sus amigas: “Nos hemos magreado un poco, sin más”.


Follar o no follar. Esa es la cuestión. No todas las mujeres entienden lo mismo por sexo. Esto tiene una herencia, una historia. Durante siglos se consideraba que el sexo entre mujeres no era realmente sexo. En un juicio contra dos mujeres acusadas de comportamientos inmorales, en Escocia en 1811, el juez las exculpó afirmando que “No existe la más mínima posibilidad de que una mujer en la cama con otra mujer mantengan comportamiento inmoral. Si una mujer abraza a otra, no quiere decir nada”.

Mientras algunos códigos penales castigaban los actos sexuales entre varones, las amonestaciones a mujeres eran muy leves, a no ser que existiera cualquier tipo de artilugio utilizado entre ellas con el fin de emular un pene y perpetrar una penetración. Lo que realmente se castigaba, en estos casos, era la desobediencia del rol de género.

“La escasa preocupación por el homoerotismo femenino fue contribuyendo a extender una ignorancia profunda acerca de lo que podían hacer las mujeres unas con otras y de cómo calificar estos actos”, sostiene Beatriz Gimeno en su libro Historia y análisis político del lesbianismo.

La ignorancia de lo que hacen dos mujeres en la cama se extiende hasta nuestros días. Continúa siendo una duda para aquellos que no conciben el sexo sin un miembro masculino. Y, en muchos casos, continúa siendo un tema confuso entre las lesbianas a la hora de buscar un consenso de lo que se entiende por “follar”.

“Una vez una novia me preguntó, ¿con cuántas te has acostado tú antes? Y yo me quedé un poco pillada, porque ahí hablando nos dimos cuenta de que entendíamos cosas muy distintas. Para ella las caricias y masturbaciones eran previos, juegos sexuales, pero no follar. Si no había desnudos u orgasmos ella no consideraba sexo propiamente tal. Follar. Para mi follar se puede hacer con ropa y en un parque, un bar, lo que sea”, comenta Ana María, profesora de 39 años.

“Creo que follar es mucho más que simplemente correrse, un orgasmo no es más que una parte. Es algo realmente difícil de definir, sin embargo, si vemos a dos personas que están follando lo identificamos perfectamente. Es posible que la cuestión sea, ¿dónde comienza a ser sexo? Creo que follar empieza en el momento que los cuerpos de las personas implicadas se entregan al deseo, ya sea con una caricia, un beso, una mirada o una penetración. En el momento en el que todo lo demás desaparece y se despiertan los instintos más básicos”, opina Fátima, de Madrid.

Patricia Huelves, sexóloga de MíraLES, sostiene que definir lo que es “follar” desde un punto de vista sexológico es prácticamente imposible, puesto que es un término más coloquial que técnico. “Desde la sexología podemos aportar es una visión no coitocentrista de la sexualidad: las relaciones eróticas, las prácticas sexuales o lo que llamamos ‘follar’ o ‘hacer el amor’ es mucho más que penes y vaginas. Utilizo como referente el modelo biopsicosocial de la sexualidad. Desde un punto de vista biológico, con la función reproductiva por bandera, follar es coito, penetración vaginal. Pero si atendemos a factores psicológicos y sociales debemos incluir las otras funciones de la sexualidad, igual de importantes: el placer y la comunicación. En relación a estas funciones follar es besarse, meterse mano, rozarse, tocarse, insinuarse, seducirse, masajearse, disfrutar, susurrar, acariciar, masturbar, chupar, fantasear, morder y un larguísimo y casi infinito etcétera”, afirma la profesional.

“Para mi follar implica dos personas, tiene que existir atracción entre las personas y puede ser con o sin penetración, por supuesto, con o sin juguetes. Para mí el acto de follar en si sería mantener sexo con otra persona, sea como sea y creo que no es necesario llegar a correrse puesto que alguna vez nosotras, las mujeres, también hemos tenido gatillazo ¿no?”, comenta Rosa, embarazada de nueve meses.

Yurena, de Canarias, sostiene que para ella el follar es todo. “Todo lo que sea sexo, todo lo que me lleve al orgasmo o no. Con dildos, arneses, sólo con las manos y la boca, desnudas, semidesnudas o mediovestidas, si me hace sudar y vibrar eso es follar para mi”.

Para Mayte, de Tenerife, la definición de follar ha ido cambiando a lo largo de sus 45 años. “Antes tenía el término tan heteronormalizado que lo reducía a la penetración con un dildo o con los dedos. Con el tiempo fui entrando en una sexualidad más lésbica, en la que el concepto de follar empezó a ser mucho más que penetrar, y además lo que entraba ya no lo hacía como sustituto del pene, sino con entidad y morbo propios. Me costó hacer el cambio en mi mente -¿influenciada, entre otras cosas, por la industria de un porno hecho para hombres?-, y liberarme de estereotipos. Hoy por hoy, creo que he follado cuando he alcanzado el orgasmo con mi compañera de cama, independientemente de la forma en que haya llegado a él. ¿Y qué pasa cuando una de las dos no llega, por el motivo que sea? Pues que mido si hemos follado por cómo hemos sudado la camiseta, y por esa sonrisita tonta de satisfacción que se te queda pintada en la cara luego”.

“Para mi follar es un acto sexual entre dos personas que se desean, no tiene por qué incluir ni penetración ni orgasmo, ni desnudos. Pero para si que hay que tener roce con genitales. Puedes restregarte por la pierna de tu amante y conseguir placer. Y a eso le podría llamar follar aunque no me corriese o aunque llevase bragas mientras me restriego. Pero imagino que para personas que tengan limitaciones, por ejemplo una parálisis que haga que pierda la sensibilidad en los genitales, follar puede ser algo diferente. Y que también es válido, que cada una folle como quiera o como pueda”, concluye riendo Isabel, estilista alicantina.

El académico y escritor Raquel Lucas Platero sostiene que follar es excitarse con alguien. “Obtener placer en un sentido amplio. En el BDSM hay mucho placer pero no siempre necesariamente hay orgasmo. Lo que se llama ser ‘stone butch’ implica sexo pero no para ti. En fin, son diferentes experiencias que ponen encima de la mesa el placer, pero no siempre interpretado como orgasmo”.

“Para mí hay una distinción entre follar y hacer el amor. Incluso estando en pareja. Follar sería algo más instintivo, más visceral, más guarro, en el sentido siempre positivo, al tratarse de algo más desinhibido. Considerar que si no hay un pene no es follar me parece una concepción absolutamente cerrada y heteropatriarcal. Hacer el amor para mí es algo que tiene que ver más con la expresión de un sentimiento muy hondo, de un cariño, de una delicadeza, de una sensualidad, de juegos eróticos, que pueden ser más cañeros o menos, pero siempre dentro del amor, del respeto, de la ternura, del goce compartido y lleno de complicidades de todo tipo, desde las más simples hasta las más retorcidas. Insisto en que para mí, follar y hacer el amor son cosas distintas y todas en algún momento caemos en una u otra opción, según el momento, las circunstancias vitales personales o de tu pareja o amante”. Afirma Paz, profesora y escritora catalana.

Virginia, desde Pamplona, también hace la distinción entre follar y hacer el amor. “En sentido ‘bíblico’, para mí es la práctica más salvaje que puedo hacer con una desconocida, llegar al orgasmo como objetivo pero no como fin, según pericia y ocasión. Todas sabemos discernir un cuerpo y una cara bonita, pero no como resultará cuando la deseamos tanto como para acabar acostándonos con ella a nivel de sincronización sexual y es que lo recalco tanto porque coño, me ha pasado. A nivel emocional lo de follar no tiene ninguna carga en ese aspecto, porque para mí es otra cosa sentir algo o hacer el amor”.

Para Rebeca, activista LGTB madrileña, el follar es un cúmulo de sensaciones. “Hay juegos de seducción que te ponen los pezones de punta y hacen arder tu entrepierna. Adrenalina y ganas de poseerla y de que te posea. A veces se queda en agua de borrajas, porque no hay conexión. Expectativas que se van al traste dejándote insatisfecha, no en lo puramente físico sino en alguna parte más profunda de ti. Otras veces, te camelan unos ojos, unos labios, una sonrisa. Los persigues durante tiempo. Tienes fantasías nocturnas y cada vez que la ves poned cara de boba. También hay veces en las que follas sin follar. Creo que muchas de nosotras lo hemos experimentado. De repente notas una mirada clavada en ti, o eres tú quien la mira así a ella. Puro fuego y deseo sexual en el aire, y en ti. Se materializa y el aire se vuelve denso de tanta ferohormona. Y al final no sucede nada, pero tu cuerpo y tu mente terminan tan exhaustas como si lo hubierais hecho de verdad. Alguien me dijo una vez que a esto se le llama follar con la mente”.

“Es un poco limitado pensar que el sexo solo se consigue con un pene o algo que lo iguale, puesto que para mí el encuentro debe ser un fluir químico o un fluir de energías, para que resulte rico y placentero o, si no, por más que se tenga un pene entremedio no resulta una experiencia cien por ciento gozosa. Es rico cuando no se tiene una fórmula para follar y se va dando distinto con cada persona. Lo importante es conocerse uno y estar en sintonía con la otra persona. Para mí el sexo es igual a orgasmo. Con un dedo, la boca, de pie, en la cama. Y bueno, si no se llega, al menos se intenta”, sostiene Constanza, de Chile.

Una respuesta más elaborada entrega Serena, nombre artístico que utiliza como cantante: “Para mi follar es la satisfacción de una necesidad psicológica y fisiológica para conseguir devolverle al cuerpo el estado de equilibrio. Por otra parte es la única que, aún siendo fisiológica, puede no ser realizada sin que con ello el cuerpo sufra consecuencias. Ignorar la sed nos llevaría a la muerte en 76 horas, ignorar la necesidad de sexo no. Para algunas mujeres, es necesario realizar actividades que satisfagan dicho desequilibrio fisiológico sexual, desde la libertad que la imaginación ofrezca, con o sin implicación emocional. Se puede follar con amor, o sin él, con contacto físico duro o tiernas caricias, todo depende de qué necesita cada mujer para devolverle al cuerpo el estado de equilibrio”.

Diana, activista de Alicante, sostiene: “Para mi follar es una fusión de dos mentes en un determinado momento. Dos personas en conexión que saben satisfacerse mutuamente, dejando a un lado los complejos, miedos e inseguridades para dejarse llevar y volar con la otra persona hasta explotar de placer. Pero personalmente, para que esta explosión sea posible, previamente y durante, ha de haber una follada de mente, imaginártelo antes incluso de que suceda, las mentes son maravillosas y la imaginación una de nuestras más potentes armas. Y es que hay miradas y caricias orgásmicas y polvos que te dejan vacía e indiferente. La penetración es una forma más de satisfacer y jugar, como cualquier otra, por lo tanto no es imprescindible. El coño, si es entre dos mujeres, me parece importante, pero como cualquier otra parte del cuerpo: el pecho, el cuello, las piernas, el abdomen, la espalda, los glúteos, la cara. Considero fundamental desnudarse porque puedes sentir a la otra persona, su olor, su tacto, la suavidad de la piel. Poder tocar, lamer, envolverte en toda ella, y que ese mismo deseo de tocar a la otra persona se vuelva tan fuerte que lleguen a estorbar los mismos cuerpos. Follar siempre ha de ser un placer para los sentidos, desde el polvo más sucio hasta el más romántico”.

Noe, de Lanzarote, piensa que follar es el momento de pasión entre dos personas. “No es necesario que hayan desnudos, pero sí que hayan orgasmos, sin eso no hay nada”.

Follar o no follar. Esa es la cuestión. Para algunas es un juego de seducción, roces y miradas. Para otras la implicación de cuerpos desnudos y la coronación de un orgasmo.

Patricia Huelves insiste que es un modelo sexual anticuado y discriminatorio el seguir asociando la erótica y las prácticas sexuales con relaciones heterocéntricas y coitocéntricas. “Follar es lo que cada una busquemos en cada momento: caricias tiernas, un sexo oral muy apasionado, besos intensos, una mastubación lenta y pausada, un povo rápido, una seducción continuada en el tiempo. Follar es todo lo que nuestro imaginario nos permita y todo lo que pretendamos: reproducirnos, comunicarnos, disfrutar y todas las combinaciones posibles de estas cuestiones”, concluye la sexóloga.

Fuente: Mirales

La crisis de pareja entre lesbianas

Se dice popularmente que, entre personas del mismo sexo, las parejas se compenetran mejor y existen menos disparidad de opiniones o criterios. Pero todos tenemos maneras de ser distintas, gustos diferentes y nadie es perfecto, por lo que por cualquier circunstancia pueden surgir diferencias que dificulten la convivencia, incluso entre las parejas más afines o comprensivas. Si los problemas, los rencores o las diferencias de carácter inciden mucho en ambas partes, puede aparecer la crisis de pareja.

¿Cuándo hay crisis de pareja?

Comúnmente, se sobre entiende que existe una crisis relacional cuando la convivencia se enturbia y todo empieza a disgustar de la otra persona, a una o a las dos partes de la pareja. Quizás ambas se resistan a verlo, al principio. Es difícil detectar y admitir que algo desagradable se está instalando en la convivencia en común. Pero, de repente, hay más cosas que disgustan, gestos que desagradan, diferencias de opinión o apetencia más constantes… Es habitual que una miembro de la pareja lo perciba antes que la otra, aunque puede darse el caso de que ambas lo noten, lo nieguen o no. También es frecuente que, quien se da cuenta del deterioro en la relación, quiera dar la voz de alarma de forma poco conveniente, con la mejor intención, y solo consiga exasperar más a su pareja y empeorar las cosas. Por eso es preciso mantener la calma y hacer un profundo análisis personal de cómo comunicarlo y poder encarar juntas los problemas, si se quiere evitar la ruptura.



¿Culpables?

Lo peor que puede hacerse en un conflicto es buscar culpables. En las parejas, la responsabilidad del buen trato y ambiente recae en ambas personas, como casi todo. Buscar culpables, ya sea auto culpabilizarse o hacer responsable a la otra parte, no conduce a nada positivo.

Si existen tensiones puntuales, lo mejor es buscar el momento más íntimo y distendido posible para tratar de hablar de ello e ir derivando hacia las causas que producen esos desencuentros. Los silencios prolongados, los disimulos y los enfados orgullosos tampoco ayudan a solucionar nada y, por el contrario, lo empeoran. Transigir por no forzar la discusión tampoco es buena idea, si se queda solo en eso. Lo prioritario suele ser hablar de lo que molesta, buscar la complicidad y comprensión de la otra, evitando las acusaciones y exponiendo las situaciones de la forma más objetiva posible. La sinceridad es un buen valor, pero necesita expresarse serenamente, para no convertirse en un volcado de emociones que puede dañar de modo innecesario e involuntariamente. Saber cómo se siente la pareja por nuestros actos, siempre interesa; escuchar de su boca reproches no.

Así pues, lo primero cuando una advierte que la convivencia con la persona amada no es todo lo fluida y agradable que debiera, es plantearse de modo personal qué está pasando, qué se está descuidando y cómo llegar a un consenso. Por muy disgustada que se esté, lo que ayuda en los peores momentos es hacer el esfuerzo de recordar que se trata de esa persona especial con quien tanto se pensó tener en común y con quien se quiere volver a sentir lo mismo. Sobre todo en las parejas lesbianas, lo que suele ser casi más importante que el sexo es la sensibilidad y la comunicación.

Evitando lastimar

Es importante expresar lo que se siente, lo que se echa de menos en la otra o en la vida en común, pero también es muy importante saber escuchar, dejarle tiempo para asimilar nuestras palabras e intentar comprender a la otra parte.

Se supone que existe amor, y que lo que se quiere es dar a conocer a la otra qué nos molesta o nos daña, para solucionarlo. No se puede permitir que la conversación se convierta en una lucha de egos heridos, porque eso creará resquemores que lastimará irremediablemente la vida en común.

Las crisis emocionales (como las de pareja) suelen crear un complejo conflicto interno en cada una de ambas partes. Cada una puede verlo de manera distinta, y eso crea una intensa lucha de emociones y sentimientos. Tener presente esa posibilidad y asumir que puede estarse exagerando, por ambas partes, ayuda a gestionar las emociones con calma y objetividad.

Motivos más comunes de problemas en parejas lesbianas

Varias estadísticas, recogidas por especialistas en psicología y conflictos de pareja, recogen que, en el caso de las parejas compuestas por dos mujeres, las principales causas de crisis en la relación estable son, entre otros:

♦ La promiscuidad o la infidelidad de una de ellas, aunque sea conocida y, a priori, asumida por la otra.
♦ Los celos, por parte de ambas o de una de ellas, y tengan o no motivación.
♦ Los problemas derivados de la relación con las familias o los entornos sociales de una o las dos partes de la pareja.
♦ Rechazo o baja aceptación de la propia condición de homosexual.
♦ Distintas formas de concebir el ser lesbiana y cómo conciliarlo con la vida cotidiana.
♦ La homofobia y el modo de enfrentarla de la pareja o de una de las mujeres que la forman.
♦ El deseo no compartido de formar una familia con hijos, adoptados o biológicos.
♦ Distintas necesidades afectivas, de relación o de socializarse.
♦ Los malos tratos o la violencia psíquica o física

Baja actividad sexual, ¿problema de lesbianas?


     Hemos hablado de mitos falsos sobre las lesbianas, en dos artículos recientes. Pero, al parecer, si existe un mito sobre las lesbianas en pareja, es del “apagón sexual” o "lesbian bed death". En los ambientes lésbicos suele bromearse con éste tópico atribuido a las parejas de lesbianas que llevan una relación más o menos estable o duradera en el tiempo ¿En qué se basa?, ¿es cierto? ¿Es algo que pasa solo en la actividad sexual entre mujeres?


Lesbian bed death

     Se dice que, en relaciones de larga duración, las lesbianas acaban padeciendo el síndrome de “el apagón en la cama”, es decir, una baja actividad sexual que, de extenderse por algún tiempo, puede conducir a la ruptura de la pareja. Esa desgana, esa falta de atracción por mantener relaciones habituales con la compañera habitual, ha ido tomando fama de ser algo propio del lesbianismo. Algo así como sí formara parte de la propia orientación sexual, ya que, se asegura, no pasa tanto entre las parejas homosexuales masculinas, ni entre las parejas heterosexuales.

     ¿Es eso cierto? Según la terapeuta sexual Suzanne Lasenza, no está clínicamente comprobado que sea realidad. En un extenso artículo para la página GayHealt, que se ocupa de informar sobre la salud del colectivo LGBT, ésta investigadora sexual afirma que, la súbita y paulatina baja calidad o frecuencia de las relaciones sexuales entre parejas lesbianas estables, no son un condicionante inherente al lesbianismo, como se ha llegado a estandarizar en otros sectores médicos o en la mentalidad del colectivo más veterano.

      Las parejas, dice Lasenza, se distancian sexualmente por motivos ajenos a su orientación sexual, y las causas son más factores de otra índole, que conviene analizar en cada caso. En la experiencia clínica, constata que las parejas que llevan mucho tiempo juntas, sean de homosexuales femeninas, varones, o heteros casados o en convivencia, sienten apatía sexual por motivos tan clásicos como la rutina, la fatiga laboral, el abandono de las rutinas románticas o amatorias por parte de uno o ambos miembros de la pareja, u otros motivos más patológicos, como estrés, depresión o problemas de relación más serios.

Cómo nació el mito del “apagón en la cama”

     No son muchos los estudios sobre conducta lésbica que existen. Uno de los que lograron más prestigio, fue el narrado en un libro que se publicó en 1983, titulado American Couples de Philip Blumstein y Pepper Schwartz. En dicha obra, se hablaba del “apagón en la cama” de las lesbianas, aduciendo que era entre ese colectivo donde más casos de apatía sexual y baja frecuencia en las relaciones se daba, según el tiempo de duración de la pareja.

     Aunque algunos han avalado el informe Blumstein-Schwartz, otros estudiosos y autores difieren de esa teoría, que llegó a convertirse en creencia para el propio colectivo lésbico, puntualizando como la doctora Lasenza, en que se basó en una pregunta clave: “¿Cuántas relaciones sexuales han mantenido en el último año?” Al no existir un acto genital concreto en las relaciones sexuales lésbicas, la pregunta crea cierto desconcierto que propicia las respuestas ambiguas y el error.

Al contrario que el mito

     Existen, en cambio, informes sobre la conducta sexual entre mujeres que desmienten que en las relaciones prolongadas las lesbianas tengan una sexualidad insatisfactoria. Marilyn Frye, por ejemplo, afirmaba que las relaciones sexuales entre parejas lesbianas tienen una duración de mínimo 30 minutos, mientras que una relación promedio de una pareja heterosexual dedica tan solo 8 minutos, como máximo, a las caricias previas al coito. Otros investigadores, del prestigio de Virginia Masters y William Johnson, reforzaban esa tesis de Marilyn Frye en su estudio Homosexuality in Perspective, en el año 1997, donde se hace una comparativa entre parejas lesbianas, gays y heterosexuales y se concluye que las lesbianas mantienen una sexualidad más comunicativa, sensual y adecuada a las preferencia de la pareja, entre otras consideraciones donde también resultan aventajadas.

     Es por todo eso que Suzanne Lasenza afirma la no realidad del mito lésbico del “apagón en la cama”, que considera altamente perjudicial y misógino, basado en errores, tópicos y falacias sobre las lesbianas y que, dice, ha creado unas falsas expectativas sobre el sexo, en relación a las parejas de mujeres que permanecen unidas durante muchos años.

7 Falacias de la Homofobia

1. La homofobia es un prejuicio de los heteros contra los gays

   La homofobia no es patrimonio exclusivo de los heteros. Uno de los procesos más complejos por los que he pasado fue darme cuenta de la mucha homofobia que había interiorizado durante años. Mi primer paso para superar mi homofobia fue aceptarla. Hay gays y lesbianas homófobos, igual que hay heteros homófobos. Ser gay no es ningún antídoto. Muchos gays y lesbianas no soportan los esfuerzos de los colectivos gays por la visibilidad y normalidad. Los homosexuales que más se ocultan suelen ser también los más homófobos. Gran parte de las agresiones homófobas suelen ser ataques de jóvenes homosexuales en el armario que recurren a la agresión como intento de reafirmar su masculinidad. Muchos gays critican y rechazan el día del orgullo gay. La homofobia es algo que respiramos todos, homosexuales y heteros, a lo largo de generaciones. Por fortuna la situación está cambiando mucho, pero la historia de muchos años no se ventila en una década.



2. Se es homófobo o no se es

   La homofobia, como muchos otros prejuicios, no es una cuestión binaria. Hay muchos niveles. Una escala de muchos grados. No importa lo liberal que uno sea, todos tenemos prejuicios que nos hacen ser, queramos o no, machistas, racistas y también homófobos. Si tienes alguna duda prueba a hacer el test en inglés de Understanding Prejudice. Es un ejercicio que demuestra que, por muy liberal que uno sea, de manera inconsciente todos asociamos más fácilmente aspectos positivos a "lo masculino" y "lo blanco". Da igual que seas hombre o mujer, blanco o negro. Es alucinante y frustrante a la vez.

   Pensar que uno es totalmente liberal, sin prejuicios, es una trampa de nuestra inteligencia. Sólo siendo conscientes de los prejuicios que tenemos podemos verlos como lo que son: errores de nuestra inteligencia, miedo al que es diferente. Nunca se deja de ser homófobo del todo, hay que tener cuidado con los prejuicios que llevamos dentro. Para entender cómo funcionan los prejuicios recomiendo leer el libro de Malcolm Gladwell, Blink.

3. Yo no soy homófobo, tengo muchos amigos gays

   Recurrir a "yo tengo muchos amigos gays..." es la muletilla más común para justificar la homofobia. Cada vez que oigo la frasecilla viene un comentario homófobo a renglón seguido. Los gays tenemos gran capacidad para autojustificar la homofobia porque si no, de otra forma, nos quedábamos sin amigos. Me pasa lo mismo con la frasecilla de "no tengo nada en contra de..." es una forma de negar lo que se afirma a continuación. Tener amigos gays no es ninguna prueba de estar libre de homofobia.

4. La homofobia hace daño a los homosexuales

   El odio daña al odiado pero también al que odia. Una persona homófoba puede sufrir lo indecible al conocer que un hijo, un hermano, un amigo o un padre es homosexual. Sus prejuicios les hacen sufrir. Muchos conocemos de primera mano historias dolorosas de gente que ha sufrido mucho al ser incapaces de aceptar la homosexualidad de un ser querido. La homofobia puede acabar volviéndose con virulencia contra el homófobo como un veneno bebido durante mucho tiempo. Aún más dolorosas son las conspiraciones de silencio que se instalan en muchas familias incapaces de aceptar la realidad de un hijo gay o una hija lesbiana. Pensar que la homofobia sólo hace daño a los homosexuales es no querer ver que el daño va más allá.



5. La homofobia se supera con tolerancia

   Para la Real Academia la tolerancia es "respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias las propias". Toleramos aquello que nos molesta. Lo que está mal. Lo que no nos gusta. Toleramos el ruido, los malos olores, el calor, los dolores de dientes, las colas de espera. Tolerar la homosexualidad es una forma de homofobia. ¿Sería aceptable decir que alguien "tolera" las mujeres? ¿que "tolera" los ancianos?. La tolerancia no es una forma de superioridad moral. Todo lo contrario, es un signo de repulsa. Superar cualquier prejuicio como la homofobia es aceptar y abrazar al que es distinto, entender que, en la diversidad, hay mucho que aprender sobre nosotros mismos. No se trata de tolerar sino de aceptar, dar la bienvenida y acoger al que es distinto.

6. La homofobia consiste en insultos y agresiones

   Los ataques homófobos, las agresiones o los insultos, son una forma de homofobia. Quizá la más visible, pero no la única. La presencia de la homofobia es mucho peor cuando está presente en sistemas legales e instituciones. Muchos países discriminan a las parejas homosexuales en legislación familiar y de pareja. En nuestro país la ley de reforma del código civil que da los mismos derechos a las parejas gays está recurrida ante el Tribunal Constitucional. Hay países donde la homosexualidad está penada con la muerte. Varias instituciones tienen regulación específica de expulsión para homosexuales. En otras ocasiones la homofobia se expresa con mofa, chistecillos o sólo un tratamiento diferente por ser homosexual. Muchos homosexuales se ven forzados a ocultar su orientación ante sus compañeros de trabajo mientras los demás hablan tranquilamente de su vida. La homofobia no consiste sólo en un insulto anónimo en la calle.

7. No habría homofobia si los gays fuesen de otra manera

   Esta es la forma más clara de homofobia. Justificar el odio en el comportamiento del que es odiado. Echar la culpa a la víctima de su situación. Tienen lo que se merecen. No nos gustan. Respetando las reglas de nuestra sociedad y tratando a los demás con humanidad, cada uno tiene derecho de ser como le venga en gana. Ahí está el sentido de la marcha del orgullo gay: celebrar la diversidad. No se puede justificar la aversión porque no nos guste "cómo es alguien". Qué aburrida sería la vida si todos fuésemos iguales. Qué aburrida si todos fuésemos como los demás quieren que seamos.


   La homofobia es un error de la inteligencia que tiene su base en el miedo al que es distinto. Como todo prejuicio, se basa en la etiquetación de una persona como parte de un grupo. Pero no existe una única forma de ser gay, igual que no existe una forma única de ser veinteañero. Cada persona es distinta. Dejar de ver la persona como individuo para ver sólo la persona como parte de un grupo es el origen de los prejuicios sobre "las mujeres", "los catalanes" o "los gays". Aceptar a los demás como son y aprender de todos es la forma de disfrutar y aprender de la enorme diversidad de la humanidad.

¿Una persona bisexual en realidad es homosexual pero no se asume como tal?

   La heterosexualidad es la orientación o preferencia sexual que muchas veces es considerada como la única o la mejor. Y también es la única que no esta estigmatizada institucional y socialmente. También es la orientación o preferencia que nos inculcan desde la mas tierna infancia y la orientación o preferencia por default, es decir, eres heterosexual hasta que demuestres lo contrario.

   Por el contrario la homosexualidad y la bisexualidad son estigmatizadas, no deseadas, ni esperadas. Se rechaza tanto el gusto por el mismo sexo, como las características personales que en el imaginario social tienen todas las personas que desean a personas de su mismo sexo. (hombres afeminados, mujeres masculinas, promiscuos, inestables, frívolos). Y a esto se le llama homofobia. Pero también se rechaza que una persona le guste mas de un sexo y/o genero y todas las características asociadas a estas personas (infieles, indefinidas, traicioneras, transmisoras de VIH y promiscuas). Y a esto se le llama bifobia.


   Por esta razones muchas personas con atracciones sexuales y/o afectivas por el mismo sexo/genero o por mas de un sexo/genero les es difícil asumir estos sentimientos y tener una identificación positiva como gays, lesbianas y/o bisexuales y muchas otras que se sienten o se identifican positivamente como gays, lesbianas y bisexuales se presentan como heterosexuales para evitar todas las consecuencias desagradables reales (la mayoría de las veces y algunas veces fantaseadas) que tendrían al no hacerlo.

   Por todo lo anterior no hay razón alguna para que las personas que les resulta difícil asumir sus deseos y sentimientos homosexuales se consideren como bisexuales ya que esta preferencia u orientación también es estigmatizada. Y tampoco para que las personas que aún no les parece conveniente presentarse como gays y lesbianas lo hagan como bisexuales pues al hacerlo no obtienen mas ventajas que las que tendrían al presentarse como gays y lesbianas.

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¿Ser bisexual es ser una persona indefinida?

   Claro que no, la bisexualidad es una definición tan estable y tan válida como la heterosexualidad, el lesbianismo y lo gay.

   Las orientaciones o preferencias sexuales no son fijas y estables para todas las personas, algunas personas, se identifican o se sienten gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, otra o ninguna toda su vida.

   Pero otras personas se identifican o se sienten bisexuales y luego a lo largo de su vida se identifican o se sienten de otra manera, otras por el contrario se sienten o identifican como gays, lesbianas u heterosexuales y después se identifican o se sienten bisexuales, otras mas se sienten heterosexuales y luego gays sin identificarse nunca como bisexuales y viceversa.

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¿Los bisexuales requieren tener a un hombre y a una mujer como parejas al mismo tiempo?

   No necesariamente. El hecho de que una persona bisexual disfrute de relacionarse con personas varios sexos y/o géneros, no implica que tenga que relacionarse con todos a la vez.

He escuchado que las personas bisexuales son infieles por naturaleza ¿Es esto cierto?

   Así como a un hombre gay o a una mujer heterosexual les gustan los hombres, pero no todos los hombres ni se relacionan con todos, que a algunas personas bisexuales nos gusten hombres y mujeres no quiere decir que nos gusten todos los hombres y todas las mujeres o que queramos relacionarnos con todos. Estamos en la misma posibilidad de ser monógamos o poliamorosos que gays, lesbianas y heterosexuales.

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¿Orientación o preferencia sexual?

   Hay un debate entre psicólogos, sexólogos y otros científicos y activistas y personas gays, lesbianas y bisexuales sobre la palabra a utilizar, orientación o preferencia. Pero sea cual sea la palabra a utilizar nosotros entendemos por preferencia/orientación sexual al conjunto de tus atracciones sexuales, preferencias afectivas, preferencias sociales, fantasías sexuales y prácticas sexuales a lo largo de tu vida pasada y presente y la que imaginas en el futuro. Y a la identidad o sentimiento de pertenencia a alguna de las mas reconocidas, gays, lesbiana, bisexual u heterosexual.

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Preguntas Frecuentes Sobre Bisexualidad

   La bisexualidad es la orientación/preferencia sexual que consiste en la atracción erótica y/o afectiva por más de un sexo y/o género, mujeres, hombres y/o personas transgenéricas.

   Es una orientación erótica-afectiva, como la heterosexualidad y la homosexualidad, en la que las diferencias de sexo y género dejan de ser determinantes. Las personas con una orientación bisexual, se sienten atraídas por las personas como un todo, sin fijarse demasiado en las barreras de género.

   La bisexualidad es otro camino para la orientación del deseo y las relaciones erótico-afectivas, se vive de distintas formas, como personas con esta orientación/preferencias hay.



Preguntas frecuentes sobre Bisexualidad:

♦ ¿Orientación o preferencia sexual?
♦ ¿Los bisexuales requieren tener a un hombre y a una mujer como parejas al mismo tiempo?
♦ ¿Ser bisexual es ser una persona indefinida?
♦ ¿Una persona bisexual en realidad es homosexual pero no se asume como tal?

Bisexualidad

¿Te han atraído alguna vez personas de los dos sexos? ¿Crees que eres bisexual pero no estás segura? La bisexualidad es otra opción sexual más común de lo que tú te piensas. ¿Alguna vez te has sentido atraída por una chica pero sabes que no eres lesbiana? Te damos las claves para saber si eres bisexual, punto por punto, avalados por informes científicos.

   Alfred Kinsey, uno de los más importantes investigadores sexuales, afirma en el conocido informe que lleva su apellido que la sexualidad es bastante más compleja de lo que se piensa habitualmente.

  La orientación bisexual comprende todo el territorio entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad. Las personas bisexuales no se sienten atraídas necesariamente por igual a los dos sexos, y algunos tienen preferencia por uno u otro. Kinsey asegura que al describir el comportamiento erotico general de la sociedad, existe un completo y cromático espectro que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva. Aunque en realidad la mayoría de las personas se encuentran en los estratos intermedios entre ambas opciones, es decir, la mayoría, según este investigador, somos bisexuales. Así demuestra que la homosexualidad y la heterosexualidad no son definitivas, absolutas e independientes una de otra, ni tampoco excluyentes.

   Las personas bisexuales, igual que las de cualquier otra orientación, pueden asumir varios tipos de relaciones, tales como monogamia, poliamoría, polifidelidad, promiscuidad, sexo grupal, y celibato. Para aquellos que tienen más de una pareja sexual, éstas pueden ser o pueden no ser todas del mismo sexo.

   Dado que algunos bisexuales no se sienten que encajen ni en la comunidad gay ni en el mundo heterosexual, y dado que tienden a ser "invisibles" en público (confundiéndose sin problema en las sociedades homosexual y heterosexual), algunos de ellos han formado sus propias comunidades, cultura, y movimientos políticos. Sin embargo, puesto que la orientación bisexual puede estar en cualquier punto entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad exclusivas, otros de los que se identifican como bisexuales prefieren formar parte de la sociedad homosexual o heterosexual.

   La bifobia, es un neologismo que se refiere al rechazo irracional hacia las personas bisexuales o hacia la bisexualidad misma. Refiere al punto de vista de que las personas deben pertenecer obligatoriamente a alguna de las otras dos orientaciones sexuales (heterosexualidad u homosexualidad). A esta actitud puede denominarsele monosexualidad obligatoria. Los y las bisexuales pueden ser objeto de ataques bifóbicos pues se les exije una supuesta "definición" de su orientación sexual en términos dicotómicos de homosexualidad o heterosexualidad. Sin embargo, la bisexualidad puede ser considerada una orientación tan definida como las otras.

    ¿A quién debo contárselo?

       "Salir del armario" es el proceso de aceptarse a una misma como lesbiana y plantearse lo abierta que una quiere ser sobre su orientación sexual. Desdichadamente, no todas las personas que conozcas pensarán que ser lesbiana es lo mejor del mundo. Es difícil saber quién puede aceptar la información y darte su apoyo. Algunos amigos tal vez te acepten. Algunos tal vez se alejen o le cuenten a otras personas sin tu permiso. Decírselo a la familia puede ser muy difícil. Algunas familias brindan su apoyo generosamente. Pero algunos jóvenes gays y lesbianas fueron echados de casa cuando sus padres se enteraron. Es importante tener alguien con quien hablar ya que no es normal ni sano que los jóvenes tengan que guardar en secreto una parte tan importante de su vida.



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    ¿Cómo es ser joven y lesbiana?

       No hay una forma "correcta" o "incorrecta" de ser lesbiana. Debido a los estereotipos de la sociedad sobre las lesbianas con los que todos hemos crecido, podrías pensar que tienes que ser de una cierta manera si eres lesbiana. Pero hay lesbianas de todas formas y tamaños, con todo tipo de ocupaciones y niveles de educación. Tu orientación sexual forma sólo una parte de quién eres. Probablemente tengas pasatiempos e intereses que sean los mismos que los de tus amigos heterosexuales. Debido a la homofobia y los prejuicios, algunas personas no aceptan a las lesbianas y los gays. Las lesbianas y los gays sufren discriminación y violencia, por lo que hay muchas organizaciones gays y lesbianas que luchan por los derechos civiles de los gays y las lesbianas.

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    ¿Soy normal?

       Sí, tú eres normal. Es perfectamente natural que las personas se sientan atraídas por miembros de su propio sexo. Pero no es algo que se fomente en nuestra sociedad. Muchas personas ignoran estos sentimientos debido a los prejuicios que existen contra los gays y las lesbianas. La mayoría de los expertos científicos están de acuerdo en que la orientación sexual de una persona se determina a una edad muy temprana, tal vez incluso en el nacimiento. Es normal y sano ser uno mismo, sea uno homosexual o heterosexual. Lo realmente importante es que aprendamos a gustarnos a nosotros mismos.



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    ¿Cómo sé si soy lesbiana?

       Durante la adolescencia, la mayoría de las jóvenes comienzan a percatarse de sus sentimientos sexuales y se interesan por salir con su pareja. Muchas jóvenes se sienten atraídas físicamente por los hombres. Pero muchas otras jóvenes se sienten atraídas físicamente por otras mujeres. Tú tal vez observes que te atraen otras mujeres. Tal vez sientas de forma diferente que tus amigas, como que no encajas a veces. Cuando tus amigas se fijan en los chicos, tú te fijas en las chicas. Salir con chicos no te interesa. "¿Por qué no hay hombres como estas mujeres estupendas que se me presentan constantemente?", pensarás.

       Es probable que también te sientas confundida o insegura sobre si eres o no lesbiana. Los adultos
    tal vez te digan que eres demasiado joven para que te llames a ti misma lesbiana, o que estás pasado por una etapa, o que no sabes de lo que hablas. Esa es su forma de evitar la realidad de muchas mujeres lesbianas. Tal vez te sientas confundida porque te atraen tanto los hombres como las mujeres. No hay nada malo en ello. Algunas mujeres tienen relaciones con hombres y mujeres durante toda la vida. Algunas tal vez decidan ser exclusivamente lesbianas o heterosexuales. Nuestra sexualidad se desarrolla con el tiempo. No te preocupes si no estás segura.

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    ¿Qué significa ser lesbiana?

       Las lesbianas son mujeres que aman a otras mujeres. Son mujeres que se sienten atraídas sexualmente por otras mujeres. Son mujeres que pueden sentirse vinculadas más estrechamente a las mujeres emocional y espiritualmente. Son mujeres que prefieren a otras mujeres como pareja.

       Uno de cada diez adolescentes es lesbiana o gay. Muchas mujeres famosas de la historia eran lesbianas. Las lesbianas son docentes, médicas, abogadas, obreras de fábrica, agentes de policía, políticas, pastoras, estrellas de cine, artistas, madres, monjas, camioneras, modelos, novelistas. Hacen de todo lo habido y por haber.

       Las lesbianas son blancas, negras, asiáticas, hispanas, indias americanas, judías, católicas, protestantes, budistas. Las lesbianas son ricas, pobres, de clase trabajadora y de clase media. Algunas lesbianas forman parte de matrimonios heterosexuales. Algunas lesbianas son discapacitadas. Las lesbianas son mujeres jóvenes y de edad avanzada. Las lesbianas viven en las ciudades y en el campo.

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    10.- ¿Qué se puede hacer para superar el Prejuicio y la Discriminación?

       Las investigaciones muestran que las personas que tienen actitudes más positivas para con las personas homosexuales y bisexuales son aquellas que admiten que conocen alguna persona homosexual de quien son amiga o compañero de trabajo. Por esa razón, los profesionales de la psicología creen que las actitudes negativas para con las personas homosexuales y bisexuales, como grupo, son prejuicios carentes de fundamento en experiencias reales pues están basados en estereotipos.

       Una nueva educación generalizada sobre la orientación sexual y la homosexualidad tendería a disipar el prejuicio contra las personas homosexuales. La información precisa sobre la homosexualidad es doblemente importante para las personas jóvenes quienes están descubriendo y procurando comprender su sexualidad, sea homosexual, bisexual o heterosexual. Los temores a que tal información provoque un aumento de la población homosexual, carecen de validez. La información acerca de la homosexualidad no convierte a nadie en homosexual o heterosexual.

       Además, proteger de la violencia y la discriminación a una minoría es muy importante en sí mismo. A cualquier minoría. Por eso, algunos Estados incluyen la agresión contra las personas por su orientación sexual como crímenes con alevosía. Muchos Estados en los Estados Unidos y Europa, cada vez más, tienen leyes que prohíben la discriminación por la orientación sexual.


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    9.- ¿Por qué es tan dificil el proceso de "Salir del Clóset"?

       Para algunas personas gays y bisexuales el proceso de revelar su orientación sexual es difícil, para otras no. A menudo las personas lesbianas, gays y bisexuales sienten temor, o se sienten diferentes y solas cuando advierten que su orientación sexual es distinta de la que es normal para la comunidad. Esto es especialmente verdadero para las personas que se dan cuenta de su orientación lesbiana, gay o bisexual durante la niñez o adolescencia, lo cual es frecuente. Y, en dependencia de sus familias o del tipo de sociedad en donde vivan, podrían tener que luchar contra el prejuicio y la información tergiversada sobre la homosexualidad. Durante la niñez y la adolescencia, las personas serían particularmente vulnerables a los dañinos efectos de los prejuicios y estereotipos. También temerían el rechazo de la familia, las amistades personales y del trabajo e instituciones religiosas.

       Algunas personas homosexuales han de preocuparse por la pérdida de sus empleos o el hostigamiento en la institución escolar, si fuese conocida su orientación sexual. Desdichadamente, las personas homosexuales y bisexuales corren mayor riesgo de sufrir agresiones que las personas heterosexuales. Las investigaciones hechas en el estado de California, a mediados de la década de 1990, mostraron que casi un quinto de las lesbianas y más de un cuarto de los gay de la muestra tomada, habían sido agredidos alevosamente a causa de su orientación sexual. En otra investigación en el mismo estado de California, sobre 500 adultos jóvenes, la mitad admitió que había sufrido alguna forma de agresión anti-gay, desde abuso verbal a violencia física.

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    8.- ¿Por qué hacer pública la Orientación Sexual?

       Porque compartir este aspecto de sí mismos (as) con otras personas importa y ayuda a su salud mental y emocional. De hecho, el proceso de desarrollo de la identidad y de la revelación de la orientación sexual de las personas lesbianas, gay y bisexuales, el hecho de asumirse y darse a conocer, coming out of the closet en inglés, está íntimamente vinculado al equilibrio psicológico. Cuanto más positiva sea la identidad de la persona gay, lesbiana o bisexual, mejor será su salud mental y mayor su autoestima.


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    7.- ¿Pueden ser buenos Padres?



       Sí. Estudios comparativos de niñas y niños educadas y educados por madres y padres heterosexuales u homosexuales no encuentran diferencias en el desarrollo de las cuatro áreas de importancia crítica: la inteligencia, el equilibrio psicológico, la adaptación social y la popularidad con las personas amigas. Es importante puntualizar, además, que la orientación sexual de la madre o el padre no imponen la de las hijas o hijos.

       Otro mito acerca de la homosexualidad es la errónea creencia que los varones gay tienden a abusar sexualmente de los niños. No hay prueba que las personas homosexuales estén más inclinadas que las heterosexuales al abuso sexual de niñas y niños.

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    6.- ¿Es la Homosexualidad una Enfermedad Mental o problema Emocional?

       Ninguna. Los profesionales de la psicología y la psiquiatría estamos de acuerdo que la homosexualidad no es una enfermedad, afección mental o problema emocional. Más de treinta y cinco años de objetiva y estricta investigación científica muestran y demuestran que la homosexualidad en sí misma no está asociada con afecciones mentales o problemas sociales y emocionales.

       La homosexualidad fue considerada una enfermedad mental pues los profesionales de la salud mental y el bienestar social tenían información parcial. En esa época, las investigaciones sobre las personas gay, lesbianas y bisexuales incluían, solamente, a quienes estaban en terapia, parcializando las conclusiones. Pero cuando los investigadores examinaban los datos de las personas que no estaban en terapia, hallaban, rápidamente, que carecía de veracidad la idea que la homosexualidad era una enfermedad mental.

       En 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría reafirmó el valor de una investigación adecuadamente diseñada borrando en consecuencia a la homosexualidad de la lista de afecciones mentales y emocionales del manual oficial. Dos años después, la Asociación Americana de Psicología aprobó la resolución que apoyaba esa decisión. Desde hace más de veinticinco años, ambas asociaciones han urgido a las y los profesionales de la salud mental a colaborar en el rechazo del estigma de una presunta enfermedad mental que algunas personas aún asocian con la orientación homosexual o bisexual.

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