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Lenguaje Corporal

     Envueltas en los territorios amatorios y sucumbiendo al poder que estos ejercen, nuestras pieles y corazones nos empujan a expresarnos de infinidad de maneras, anhelando desatar todo lo que nos recorre por dentro. Nuestros cuerpos se desnudan y desanudan, se entrelazan y enredan. Se convulsionan y nos deshidratan. Y, entonces, para reponernos de tanta humedad perdida, bebemos una vez más de los bálsamos que ella guarda entre sus rincones. Y todo comienza de nuevo. En el transcurso de estos estados y estaciones eróticas nos entregamos también mediante signos y señales que nuestros cuerpos, fieles intérpretes de nuestras emociones, lanzan a aquella que yace entre nuestros brazos.


     Estos signos y señales no necesitan adquirir forma verbal y, a veces, ni siquiera pueden describirse o explicarse. Son las miradas, las sonrisas, determinados gestos y son imprescindibles para comunicarnos en nuestros espacios amatorios. Lo que llevamos bajo la piel a veces sale sin que queramos o sin que nos demos cuenta. Otras veces, lo dirigimos a nuestro antojo a fin de expresar deseos y sentimientos. Forma parte de todo el entramado amatorio físico y emocional. Y hace que los encuentros adquieran significados particulares, significados inconfundibles, significados privados. Miradas fugaces, cómplices, sonrisas que contagian sonrisas, suspiros soltados al aire, leves rozamientos de los cuerpos… Todos llevan escondidos mensajes que esperan respuesta, que construyen alianzas silenciosas que no necesitan ser nombradas para existir.

Tan sólo rozó con su mano suavemente mi muslo y de inmediato supe que la tempestad se desataría. Como bestias que ansiaban amamantarse, nos apoderamos salvajes la una de la otra, devorando a cada paso la carne que caliente se contraía.


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Fuente: Tu dedo Corazón

Respuesta Sexual

     La respuesta sexual es la forma en la que nuestro cuerpo responde ante los estímulos y la actividad erótica. Existen cuatro fases de respuesta sexual por las que las mujeres pasamos a nivel fisiológico: excitación, meseta, orgasmo y resolución. No obstante, no podemos olvidar que en la actividad sexual no sólo intervienen factores fisiológicos. La sexualidad no es sólo cuerpo; tenemos que tener en cuenta que también participan en ella componentes psicológicos y emocionales. Hay muchas situaciones y experiencias que pueden despertar nuestra libido y, a veces, de manera inesperada. No sólo el sentido del tacto es el responsable de que comencemos a sentirnos excitadas.

     Algunos olores, palabras pronunciadas o susurradas en un momento determinado, y la visión de imágenes evocadoras o de escenas de actividad sexual, pueden conseguir que nuestro cuerpo vaya preparándose para adentrarse en el mundo de lo carnal. También nuestra mente, y en ella nuestras fantasías sexuales, pueden suponer un potente estímulo excitatorio.

Excitación

Durante la excitación se trastornan las quietudes corporales. Aumenta la tensión muscular del cuerpo, que se refleja en la piel. Se produce también una mayor afluencia sanguínea en algunas zonas, como en los genitales, que comienzan a arder comprometidamente. El clítoris se hace algo más grande y la mayor concentración de sangre en él provoca que su color sea más intenso. El ritmo cardíaco aumenta y se segrega flujo vaginal, que actúa como lubricante natural. Esto permite realizar la estimulación de la vagina y del clítoris con mayor facilidad y, consecuentemente, de manera más placentera.

Algunas mujeres pueden segregar mucho flujo vaginal mientras otras apenas lo hacen. No existe una cantidad determinada o considerada normal, ya que cada caso es diferente. El único inconveniente es que, si el flujo vaginal es muy escaso, puede resultar molesta la estimulación genital directa. En estos casos, es aconsejable utilizar algún tipo de lubricante para facilitar el cómodo acceso a la vagina y el movimiento en su interior. El clítoris se endurece y aumenta de amaño, haciéndose más visible para mostrar así cómo se acrecienta su apetito.

Los labios menores se oscurecen y también aumentan de tamaño. Y los labios mayores, en cambio, se abren ligeramente y se aplanan. Por su parte, el útero se eleva, produciéndose un leve alargamiento de la vagina.


Meseta

Los cambios que el cuerpo ha ido experimentando se intensifican al llegar a la fase de meseta. Los pechos, a su vez, comienzan a aumentar de tamaño voluptuosamente y los pezones se endurecen. El ritmo cardíaco y la respiración se aceleran para compensar el gran desgaste de energía que supone la actividad librada por las amantes durante la batalla sexual. Algunas mujeres no llegan a la fase de orgasmo, quedándose durante un mayor tiempo en la fase de meseta y experimentando también muchísima satisfacción sexual durante ésta.

El final de la fase de meseta podría considerarse como el momento preorgásmico. Un instante efímero aunque intenso —que podríamos considerar mediado por la locura—, en el que nuestra mente y nuestro cuerpo están desbordados de placer, adelantándose a lo que está a punto de llegar.

"Me encontraba ahí con ella, en el momento antes del momento, casi más dulce, casi más desgarrador."

Orgasmo

El orgasmo se describe como algo absolutamente indescriptible. En esta fase nuestro cuerpo se libera de toda la tensión acumulada anteriormente y comienza a contraerse de manera rítmica. Estas contracciones tienen lugar principalmente en la zona de los genitales,que se convulsionan acaloradamente. Durante la liberación erótica, nuestra mente pierde su capacidad de juicio y sólo podemos percibir las sensaciones que recorren nuestro cuerpo —la locura ahora nos dirige por completo—. Y nos rendimos ante ellas.

Resolución

Poco a poco, todas las zonas de nuestro cuerpo, que se han visto felizmente envueltas por la actividad sexual, vuelven a su estado inicial, anunciando derrotadas su eventual tregua. Conforme la sangre acumulada va retirándose de los genitales, la vagina va recuperando su tamaño habitual. El clítoris vuelve a hacerse más pequeño y su color rojizo deja de ser tan intenso. Al llegar a la fase de resolución (tras no, varios o ningún orgasmo), el clítoris se vuelve muy sensible y su estimulación inmediata puede causar sensaciones desagradables. Es mejor esperar un tiempo antes de comenzar de nuevo la aventura estimulatoria en esta zona de perdición.

Es importante que durante nuestras elaciones sexuales el orgasmo no se convierta en la meta obligatoria. No hay que obsesionarse, ya que la misma presión puede provocar tensión y malestar en ambas amantes, además de que no se consiga llegar al clímax. Si el orgasmo llega, fantástico. A todas nos gusta disfrutar de él. En cualquier caso, el encuentro es igualmente fabuloso, ya que cada roce, beso y estimulación han supuesto elementos de goce y de satisfacción sexual. Disfrutemos el placer por el placer mismo, en presente, sin objetivos ni metas planteadas conantelación.


Orgasmo múltiple

Hay mujeres que, con la estimulación adecuada y en el momento adecuado, son capaces de encadenar más de un orgasmo, bien seguidamente, bien tras una pequeña pausa. Muchas mujeres que pensaban no ser capaces de experimentar un orgasmo múltiple han descubierto con el tiempo que, ante una estimulación determinada, sí llegan a tenerlo. En cambio, otras lo intentan incesantemente y no alcanzan a experimentarlo. Puede que éste sea uno de los enigmas difíciles de descifrar que se esconden bajo nuestros distintos cuerpos y personalidades. En cualquier caso, lo mejor es que nos desprendamos de los prejuicios y tensiones para conseguir que nuestra sexualidad recorra caminos a los que nunca antes hubiéramos imaginado llegar.

De esta manera, puede que descubramos el orgasmo múltiple y también puede que no. Pero lo que sí es seguro es que nuestro cuerpo nos revelará zonas eróticas que desconocíamos o que nos parecía que permanecían dormidas, como si de una confesión de vida se tratara. Liberando nuestros deseos, disfrutaremos de una sexualidad más plena y llena de posibilidades.

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Fuente: Tu dedo Corazón

Sexo Entre Mujeres

     En esta segunda parte abordamos las relaciones sexuales entre mujeres e intentaremos abarcar todos sus elementos fundamentales. Por supuesto, es imposible contemplar todas sus posibilidades, ya que no se pueden establecer límites para algo tan amplio, subjetivo y cambiante como son nuestras prácticas y deseos sexuales. En esta parte veremos, principalmente, cómo responde nuestro cuerpo ante la excitación sexual y las formas de estimularlo, ya sea a nosotras mismas o a nuestra pareja. También indicamos algunas claves para disfrutar de una vida sexual placentera y confiada, así como las prácticas sexuales más comunes en las relaciones lesbianas.


    Cada uno de estos puntos adquiere un lugar y valor únicos. El orden en el que mostramos las diferentes prácticas sexuales es anárquico, ya que ninguna de ellas posee mayor importancia sobre las otras. No le damos un papel central a los genitales, ya que no es la única zona sexual del cuerpo, ni la que nos proporciona siempre un mayor placer. No hablamos de preliminares, porque no existen: de principio a fin, todo forma parte de lo mismo, desde las primeras miradas hasta las últimas gotas de sudor. La vagina es la zona del cuerpo de la mujer que ha sido considerada a lo largo del tiempo como más capacitada para producir placer sexual. Este mito se ha ido reforzando día a día a través de la educación, de las relaciones sociales y de los medios de comunicación. Tenemos que destacar que la consideración del coito como la práctica sexual preferente, adecuada y más satisfactoria se ha mantenido socialmente a través de la imposición de la heterosexualidad como modelo sexual.

     Este mito ha provocado numerosas y perniciosas creencias en torno a nuestra sexualidad: la idea de que la penetración vaginal es necesaria para que la práctica sexual pueda considerarse completa, o de que los mejores orgasmos se consiguen a través de la penetración vaginal, y la vinculación de sexualidad y reproducción, estableciendo la descendencia como finalidad principal del sexo. Afortunadamente, la creencia de que el propósito trascendental de la práctica sexual es la procreación ha ido quedando atrás, y nuestra sexualidad ha comenzado gradualmente a tratarse y a experimentarse desde nuestras propias necesidades y puntos de vista, en su sentido más amplio, e incluso desde la reivindicación política como forma de identidad. De la misma manera, ahora sabemos que el órgano que interviene en la producción de nuestros orgasmos es el clítoris y no la vagina, y que las relaciones sexuales pueden mantenerse de muchas maneras sin que obligatoriamente se produzca la penetración vaginal. Para ello, hemos tenido que desenmascarar las motivaciones masculinistas encubiertas bajo las imposiciones sociales sobre la sexualidad femenina y buscar todas las formas en las que nuestro cuerpo y nuestra mente son capaces de experimentar placer a través del sexo.

     No obstante, el peso de estas creencias y la herencia que han dejado en muchos sectores de la población han contribuido a prestar una atención excesiva y, a veces única, a la vagina como nuestro órgano sexual por excelencia. Para nosotras supone una exigencia mantener una actitud reflexiva y crítica sobre lo que supone nuestra experiencia y nuestra identidad sexual, tanto de manera individual como colectiva. No podemos olvidarnos de algo que descubrimos en el preciso instante en el que comenzamos a desear a otra mujer: no todo lo que nos han contado es verdad. El material de sexualidad lesbiana que aquí mostramos no pretende ser un manual de posturas cerrado e inflexible. Todo lo contrario; su objetivo es orientarnos y darnos algunas claves y sugerencias para que seamos amantes creativas, dispuestas a dar rienda suelta a nuestra imaginación y con ella a nuestra sexualidad. Y siempre de la manera que nosotras mismas elijamos. Porque es importante que reconozcamos que la sexualidad no es igual para todas nosotras ni en su concepto ni en su práctica. Lo que para unas puede ser una práctica satisfactoria, para otras puede resultar poco estimulante, incluso desagradable, o algo a lo que acercarse con la práctica y el tiempo. No somos iguales, ni a todas nos gusta lo mismo. Por ello, no siempre tenemos las mismas apetencias sexuales. Puede que en un momento determinado prefiramos desplegar nuestra sexualidad de una manera determinada y que con el paso del tiempo ésta evolucione, o que optemos por unas prácticas sexuales en un momento específico de la vida y no en otro, o con unas personas y no con otras. O, incluso, puede que una práctica sexual nos produzca placer de una forma y que con el tiempo lo consigamos realizándola de manera distinta.


     Del mismo modo que todas y cada una somos cambiantes, flexibles, diferentes y únicas, hay múltiples formas de mantener relaciones sexuales plenas y satisfactorias, por lo que no podemos encasillarnos en ninguna concreta. El cambio y la imaginación son imprescindibles en nuestras vidas y en todo lo que engloba nuestra experiencia sexual. Intentaremos abarcar todos sus elementos fundamentales. Por supuesto, es imposible contemplar todas sus posibilidades, ya que no se pueden establecer límites para algo tan amplio, subjetivo y cambiante como son nuestras prácticas y deseos sexuales. En esta parte veremos, principalmente, cómo responde nuestro cuerpo ante la excitación sexual y las formas de estimularlo, ya sea a nosotras mismas o a nuestra pareja. También indicamos algunas claves para disfrutar de una vida sexual placentera y confiada, así como las prácticas sexuales más comunes en las relaciones lesbianas.

     Cada uno de estos puntos adquiere un lugar y valor únicos. El orden en el que mostramos las diferentes prácticas sexuales es anárquico, ya que ninguna de ellas posee mayor importancia sobre las otras. No le damos un papel central a los genitales, ya que no es la única zona sexual del cuerpo, ni la que nos proporciona siempre un mayor placer. No hablamos de preliminares, porque no existen: de principio a fin, todo forma parte de lo mismo, desde las primeras miradas hasta las últimas gotas de sudor. La vagina es la zona del cuerpo de la mujer que ha sido considerada a lo largo del tiempo como más capacitada para producir placer sexual. Este mito se ha ido reforzando día a día a través de la educación, de las relaciones sociales y de los medios de comunicación. Tenemos que destacar que la consideración del coito como la práctica sexual preferente, adecuada y más satisfactoria se ha mantenido socialmente a través de la imposición de la heterosexualidad como modelo sexual. Este mito ha provocado numerosas y perniciosas creencias en torno a nuestra sexualidad: la idea de que la penetración vaginal es necesaria para que la práctica sexual pueda considerarse completa, o de que los mejores orgasmos se consiguen a través de la penetración vaginal, y la vinculación de sexualidad y reproducción, estableciendo la descendencia como finalidad principal del sexo.

     Afortunadamente, la creencia de que el propósito trascendental de la práctica sexual es la procreación ha ido quedando atrás, y nuestra sexualidad ha comenzado gradualmente a tratarse y a experimentarse desde nuestras propias necesidades y puntos de vista, en su sentido más amplio, e incluso desde la reivindicación política como forma de identidad. De la misma manera, ahora sabemos que el órgano que interviene en la producción de nuestros orgasmos es el clítoris y no la vagina, y que las relaciones sexuales pueden mantenerse de muchas maneras sin que obligatoriamente se produzca la penetración vaginal. Para ello, hemos tenido que desenmascarar las motivaciones masculinistas encubiertas bajo las imposiciones sociales sobre la sexualidad femenina y buscar todas las formas en las que nuestro cuerpo y nuestra mente son capaces de experimentar placer a través del sexo. No obstante, el peso de estas creencias y la herencia que han dejado en muchos sectores de la población han contribuido a prestar una atención excesiva y, a veces única, a la vagina como nuestro órgano sexual por excelencia. Para nosotras supone una exigencia mantener una actitud reflexiva y crítica sobre lo que supone nuestra experiencia y nuestra identidad sexual, tanto de manera individual como colectiva. No podemos olvidarnos de algo que descubrimos en el preciso instante en el que comenzamos a desear a otra mujer: no todo lo que nos han contado es verdad.

     El material de sexualidad lesbiana que aquí mostramos no pretende ser un manual de posturas cerrado e inflexible. Todo lo contrario; su objetivo es orientarnos y darnos algunas claves y sugerencias para que seamos amantes creativas, dispuestas a dar rienda suelta a nuestra imaginación y con ella a nuestra sexualidad. Y siempre de la manera que nosotras mismas elijamos. Porque es importante que reconozcamos que la sexualidad no es igual para todas nosotras ni en su concepto ni en su práctica. Lo que para unas puede ser una práctica satisfactoria, para otras puede resultar poco estimulante, incluso desagradable, o algo a lo que acercarse con la práctica y el tiempo. No somos iguales, ni a todas nos gusta lo mismo. Por ello, no siempre tenemos las mismas apetencias sexuales. Puede que en un momento determinado prefiramos desplegar nuestra sexualidad de una manera determinada y que con el paso del tiempo ésta evolucione, o que optemos por unas prácticas sexuales en un momento específico de la vida y no en otro, o con unas personas y no con otras. O, incluso, puede que una práctica sexual nos produzca placer de una forma y que con el tiempo lo consigamos realizándola de manera distinta. Del mismo modo que todas y cada una somos cambiantes, flexibles, diferentes y únicas, hay múltiples formas de mantener relaciones sexuales plenas y satisfactorias, por lo que no podemos encasillarnos en ninguna concreta. El cambio y la imaginación son imprescindibles en nuestras vidas y en todo lo que engloba nuestra experiencia sexual.

♦ Respuesta Sexual
♦ Masturbación
♦ Beso
♦ Tribadismo
♦ Estimulación Manual del Clítoris
♦ Estimulación de ambos Clítoris
♦ Cunnilingus o Sexo Oral
♦ 69 (Sesenta y Nueve)
♦ Lenguaje Corporal
♦ El Contexto y los Lugares
♦ Juegos Con Comida
♦ Zonas Erógenas
♦ Estimulación Anal
♦ Juguetes Sexuales
♦ Estimulación Vaginal
♦ Tríos y Sexo en Grupo
♦ Voyeurismo con Ella
♦ Masaje Erótico

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Fuente: Tu dedo Corazón

La Sexualidad Lesbiana y sus Representaciones

     El feminismo de los años 70 sacó a la luz la urgente necesidad de romper la línea divisoria entre espacios públicos y privados, situando dentro del panorama político aspectos de la vida de las mujeres que siempre habían quedado ocultos y excluidos. La sexualidad femenina ha sido uno de estos temas pertenecientes al ámbito oculto e invisibilizado de las mujeres. La exigencia de hacer política y visible la vida sexual tenía como objetivo mostrar que la manera en la que las personas vivencian su sexualidad no es un hecho natural, sino condicionado por los valores y normas de cada sociedad concreta. No hay que olvidar que el interés por la vida sexual de los demás siempre ha despertado curiosidad, por no decir, prejuicios, juicios e incluso persecuciones y asesinatos —en los peores casos— durante muchos años.

     La sexualidad de las personas está fuertemente politizada, regida a través de lo que el poder de las instituciones estima como permitido o censurable, como normal o patológico. Y es importante recordar cómo lo considerado normal o anormal ha ido cambiando a lo largo del tiempo, demostrando que no es un hecho histórico, sino diferente en cada época y cultura. Así, en cada momento, lugar y época la sexualidad de las personas ha sufrido desigualdades diferentes y particulares. De este modo, si lo que se considera apropiado o no en la sexualidad depende del sistema socio-político imperante, las formas de vivenciar la sexualidad, sus márgenes y «licencias» representan un hecho construido, es decir, decidido de manera arbitraria y, por lo tanto, susceptible de ser modificado. Este hecho nos permite saber que la heterosexualidad se establece como norma no porque sea una condición inherente de la biología humana, sino porque ha sido impuesta y, debido a ello, aprendida y reforzada como la conducta sexual apropiada para todas las personas.


     La sexualidad de las mujeres permanece aún hoy sujeta al dominio masculino a través de mandatos tales como la reproducción y la heterosexualidad enmarcadas en la sociedad como normas. Estas y otras formas de dominación hacia las mujeres se han manifestado a lo largo de la historia con múltiples y diversas formas, a veces más sutiles y en otras ocasiones de manera más explícita. Las primeras manifestaciones del movimiento feminista se dieron a finales del siglo XIX con las sufragistas y posteriormente en Estados Unidos en torno a los años 50 y 60. Tenían como objetivo mostrar las desigualdades entre hombres y mujeres generadas por las formas de opresión y dominación del hombre hacia la mujer. El movimiento feminista lesbiano comparte las mismas reivindicaciones del feminista, pero pone su acento en el cuestionamiento de la heterosexualidad obligatoria como forma específica de dominación dirigida más fuertemente hacia las mujeres. Actualmente, un elevado número de teóricas del feminismo lesbiano dentro del panorama español están aportando un gran número de estudios e investigaciones, dirigidos a cuestionar la imposición de la heterosexualidad con el objetivo de mejorar la vida de las mujeres lesbianas. El feminismo lesbiano en España se desarrolló durante la transición, después de haber iniciado su andadura en Estados Unidos. A continuación vamos a mencionar a algunas de estas autoras que comenzaron a reflexionar en ese país sobre el concepto de heterosexualidad obligatoria, desmantelando los intereses de la estructura masculinista desde la que se erige y estableciendo así las bases del feminismo lesbiano.

     Gayle Rubin (1975) afirma que las sociedades occidentales organizan las distintas sexualidades en una estructura jerárquica, atribuyéndole un valor máximo a la heterosexualidad dentro del matrimonio, que es reproductiva y monógama, y considerándola, por tanto, central, perfecta y normalizada. Por debajo de ésta se sitúan el resto de las sexualidades «desviadas» y periféricas, y según su cercanía o distancia hacia la heterosexualidad en matrimonio, monógama y reproductiva, son provistas de mayor o menor valor respectivamente. Así, las relaciones lesbianas socialmente no asumirían ningún valor, considerándose alejadas de la norma y, por lo tanto, negativas. Rubin también contribuye, con su teoría sexo-género, a romper el vínculo entre género y sexualidad como hechos biológicos, destacando la construcción social de estas categorías. Para Rubin, el aprendizaje de las personas no sólo obliga a responder socialmente con los comportamientos que el género masculino o femenino exige. A su vez, las personas deben dirigir su deseo sexual exclusivamente hacia el género opuesto, siguiendo el principio de complementariedad entre hombres y mujeres. Con esto, Rubin postulaba que, aunque el ser humano esté biológicamente sexuado, la forma de vivir su sexualidad e identidad, y lo que se permite o no en ellas, se determina a través del aprendizaje de los valores de una sociedad concreta y no por la biología per se; se trata, por tanto, de una construcción del ser humano.

     Adienne Rich (1980) cuestiona que, en la sociedad en la que vivimos, el lesbianismo pueda ser considerado realmente una opción sexual. Una opción es la posibilidad de elegir entre varias alternativas. Para que esta elección pueda ser libre, las diferentes opciones deben asumir un valor equitativo. Pero, tal y como afirma Rich, esto no sucede así. Supone una realidad social que la elección del lesbianismo representa una alternativa enjuiciada y castigada, por lo que la elección no se torna libre, no existiendo distintas posibilidades reales. La elección de la heterosexualidad es la única opción sexual permitida y aceptada. «Rich denuncia la heterosexualidad forzada en cuanto norma social que exige y causa la invisibilización del lesbianismo, incluso en el mismo movimiento feminista. Enfoca el lesbianismo en la perspectiva de un “continuum lésbico” que une a todas las mujeres que de una u otra forma se alejan de la heterosexualidad e intentan crear o reforzar los vínculos entre mujeres, compartiendo sus energías en la perspectiva de la lucha en contra del sistema patriarcal» (Falquet: 4). Para Rich, el lesbianismo ofrece un sentido de colectividad y de unión entre mujeres no de una manera ingenua, sino claramente de forma voluntaria y decidida. El lesbianismo emerge como una acción consciente de alianza de la política con la vida personal.


     Para Monique Wittig (1980) las lesbianas no pueden ser estrictamente consideradas mujeres. Wittig explica esta radical afirmación bajo la consideración de que el término mujer sólo tiene sentido en su relación de poder con los hombres, desde los sistemas de pensamiento políticos y económicos heterosexuales. La «mujer» se define a través de las conceptualizaciones y prácticas de nuestro cuerpo, de nuestra identidad y de nuestra sexualidad vivenciadas de manera limitadora y opresiva debido al ejercicio del dominio masculinista dentro de la sociedad patriarcal. En este sentido, las lesbianas trasgreden esta norma, al no existir bajo la relación específica de poder de un hombre.
 
     Hay que destacar también a Sheila Jeffreys, que años más tarde publicó La herejía lesbiana (1996). En ella, la teoría lesbiana se asume como una teoría política posibilitadora de estrategias de subversión en torno a la heterosexualidad normativa. Jeffreys considera que las relaciones entre mujeres cuestionan el principio de heterosexualidad obligatoria como hecho natural, desenmascarando los intereses políticos que se esconden tras ella y proponiendo su eliminación a favor de los derechos y las libertades de todas las mujeres. Pero, ¿por qué la heterosexualidad normativa es más estricta para las mujeres? Para Jeffreys (1996: 53) sin el principio de heterosexualidad, dentro del sistema patriarcal, un varón concreto difícilmente obtendría sin remuneración el conjunto de todos los servicios sexuales, reproductivos, económicos, domésticos y emocionales de las mujeres. De esta manera, las teóricas del feminismo lesbiano han ido sacando a la luz cómo la heterosexualidad, forzada como norma social, reafirma sus intereses a través de las distintas formas de exclusión y descalificación de las lesbianas. Una de las formas de expresión de la dominación de la sexualidad lesbiana ha sido y sigue siendo la apropiación del material erótico y pornográfico, pues las reglas y los esquemas bajo los que estos materiales son elaborados están dirigidos desde la heterosexualidad.

     Tal y como comenta Pat Califia, «una parte esencial de ese control y exclusión es la supresión o el sesgo de imágenes explícitas de actos sexuales de aquellos que promueven el placer fuera de la norma o que sugieren diferencia e individualidad, como es el caso de las mujeres lesbianas. En términos generales, cuanto más se aproxima la pornografía o el erotismo a lo instituido como comportamiento sexual, más fácilmente se tolera. El material erótico verdaderamente subversivo no suele tener la oportunidad de publicarse ni circular» (Califia, 1993: 38). En la actualidad, existe muy poco material sobre sexualidad creado por y para mujeres heterosexuales o lesbianas, en comparación con el que se construye para el consumo de los varones heterosexuales. Cada vez es más posible acceder a materiales eróticos y pornográficos de muy diversa índole. No obstante, es fácil observar un sesgo que se repite en las imágenes sexuales destinadas a un consumo erótico o pornográfico: se dirigen a un público heterosexual masculino. ¿Acaso los varones tienen mayores necesidades sexuales? A lo largo del tiempo se ha establecido una separación entre los aspectos considerados típicamente masculinos y femeninos, dando lugar al concepto de género. En palabras de Lagarde (1997: 4) diríamos que género «es el conjunto de cualidades biológicas, físicas, económicas, sociales, psicológicas, eróticas, políticas y culturales asignadas a los individuos según su sexo». De esta manera, el género sería el elemento que regularía los aprendizajes diferenciales de los individuos, obligando a hombres y a mujeres a comportarse socialmente del modo en que se espera que lo hagan.


     El género, por tanto, englobaría el modo de vestir, de andar y gesticular, de ocupar los espacios, relacionarse, situarse en relación al poder, sentir y pensar, actitudes, elecciones, actividades, etc. Es decir, dependiendo del tipo de genitales que «nos tocan» a la hora del nacimiento, nuestros aprendizajes, nuestros derechos y, por tanto, nuestros comportamientos estarán orientados a la obtención de mayores privilegios —en el caso de nacer con pene— o menores —en el caso de nacer con vagina—. «Si comportarse masculina o femeninamente varía según las culturas, eso obliga a concluir que ser “hombre” o ser “mujer” es un aprendizaje, un adiestramiento, todo un estilo de vida que implica cambios diferentes en la manera de vestir, de moverse, de peinarse, de gesticular, de mirar y de relacionarse con los otros, e incluso de conceptualizar el cuerpo. La fuerza de las normas culturales a la hora de fijar pautas de comportamiento cuestiona la universalidad de los roles masculino/femenino, ya que la conducta socialmente correcta para hombres y mujeres ha variado y varía mucho según el contexto sociocultural» (Viñuales, 2002: 50). Pero, tal y como afirma Olga Viñuales (2002), al igual que Gayle Rubin, el género no sólo obligaría a las personas a comportarse de la manera en que se espera que lo hagan, sino también a relacionarse sexualmente con el sexo opuesto siguiendo el principio de complementariedad, es decir, mujeres y hombres como necesitados unos de otros para el mantenimiento de las relaciones sexuales.

     Para las mujeres, su forma de relacionarse sexualmente no solo está condicionada por el principio de complementariedad. El género también insta a las mujeres a vivir su sexualidad de una manera más pasiva y cauta que la de los hombres, a la espera de las necesidades y los deseos del otro. Con ello, se consigue presentar la sexualidad femenina como menos activa, menos necesitada de satisfacciones carnales que la de los varones. Todas estas diferencias construidas en torno a la sexualidad de hombres y mujeres han provocado que el material erótico y pornográfico en el que se representa a mujeres lesbianas adquiera unas características particulares. Podemos observar cómo las mujeres «lesbianas» que salen en estas imágenes asumen papeles de putas y viciosas, de manera que la relación sexual mantenida se muestra como fruto de la perversión y con un claro objetivo: excitar a los hombres, pero no a ellas mismas. Ellas abren sus vaginas y anos en dirección a la cámara, mostrando el lugar d o n d e desean que las penetren fuertemente. Su físico y estética están dotados de elementos fetiches de feminidad tradicional: pechos enormes, cuerpos esculturales, tacones y medias, uñas larguísimas, etc. Y su deseo se dirige hacia el exterior, hacia el varón que visualiza la imagen, en lugar de hacia la mujer con quien comparten el encuentro sexual. Sus prácticas sexuales distan mucho de mostrar la realidad sexual lesbiana. Normalmente, se limitan al uso de accesorios que tienen un aspecto similar al del pene, y también al sexo oral, como si las mujeres lesbianas no fuéramos capaces de disfrutar sexualmente a través de otras prácticas. Por regla general, termina apareciendo un hombre en escena, simbolizando la consumación de un episodio sexual que se encontraba a medias hasta la llegada de este tercer elemento repleto de la supuestamente necesaria testosterona.


     Y, para terminar, este material es comprado y consumido únicamente por hombres heterosexuales. Esto se debe a varias razones. Para los varones es mucho más sencillo acceder a materiales eróticos, ya que sienten mayor libertar para adquirirlos y visualizarlos. Las mujeres que manifiestan una sexualidad activa son censuradas. En cambio, los varones que ejercen una sexualidad activa adquieren poder entre sus iguales: todas y todos hemos podido comprobar cómo, por ejemplo, la promiscuidad en los hombres es valorada y admirada por otros hombres y, sin embargo, en las mujeres es enjuiciada como algo reprochable, tanto por otras mujeres como por hombres. Por otro lado, las mujeres lesbianas tampoco compramos material erótico y pornográfico debido a que éste no muestra la realidad de nuestra experiencia erótica, así como tampoco nuestros deseos y fantasías sexuales. Este material es visto como ajeno y falso, como un material que nos niega y utiliza —sin nuestro consentimiento— para trasgredirnos y así excitar a otros con nuestros cuerpos. Es cierto que, a lo largo del tiempo, las mujeres y sus cuerpos han sido el objeto de contemplación de los varones. Su imagen ha sido utilizada para la creación de representaciones visuales por medio de diversos medios de expresión: pintura, escultura, fotografía, cine, etc. De esta manera, las mujeres han asumido el papel de objeto pasivo, mientras que los varones han adoptado el papel de sujetos creadores esenciales. Este hecho, a su vez, se ha visto reforzado por la imposibilidad de que las mujeres puedan acceder al estatus de sujetos creadores, facilitando así el mantenimiento y control de los materiales creados para el poder masculino.

     Las mujeres lesbianas han tenido una representación escasa o nula durante años en la sociedad. Su aparición de forma masiva ha tenido lugar con la llegada de la pornografía y del erotismo, mostrando un sujeto lesbiano que nada tiene que ver con la realidad. Es importante que nos demos cuenta del poder que actualmente adquiere el lenguaje visual en un mundo cada vez más regido por la fluidez de los intercambios comunicativos. La comunicación se vale cada vez menos de las palabras y más de las imágenes. Éstas sirven para transmitirnos los mensajes de forma rápida y directa mostrándonos la realidad de manera concreta. Pero las representaciones de la realidad, a pesar de parecer objetivas y neutrales, no dejan de ser construcciones subjetivas e interesadas. La afluencia masiva de determinadas imágenes y la ausencia del resto tiene como finalidad naturalizarlas y, por tanto, habituarnos a la visión del mundo de una forma específica hasta llegar a normalizarlo.

     Ante la saturación de cierto tipo de imágenes, la separación entre representación y realidad se va desvaneciendo, marcándose fuertemente nuestra forma de entender la vida y las relaciones entre las personas. Ver y creer se convierten en la misma acción. En el caso de las representaciones que se construyen en torno a la sexualidad lesbiana, la mayor parte de las que nos llegan no muestran nuestra realidad sexual, presentándonos únicamente como ansiosas proveedoras de placer masculino. De este modo, se crea una imagen de nosotras tergiversada y negativa no sólo para nosotras mismas sino también ante el resto de la sociedad. Es imprescindible que, como sujetos consumidores diarios de imágenes de sexualidad, hagamos una crítica de los modos de representación de la realidad que se nos están dando como objetivos y, consecuentemente, como verdaderos. Debemos ser no sólo capaces de discernir entre verdad y ficción en referencia a nuestra sexualidad, sino también de rechazar aquello que perjudica la forma de entender nuestra experiencia erótica. La subversión de la imagen que se muestra de las mujeres lesbianas supone un espacio todavía en proceso de conquista. La necesidad de mostrar la realidad de las mujeres lesbianas y de su sexualidad se convierte en un tema de vital importancia social. Actualmente, se precisa deconstruir el apoderamiento masculinista que se ha realizado de la sexualidad lesbiana y volver a articularla reconstruyendo positivamente este concepto desde y para las mujeres lesbianas (Ruiz, 2008).

     Para nosotras, poder conquistar nuestra propia sexualidad nos obliga a la búsqueda de estrategias de creación de nuevas representaciones y nuevas utilizaciones de nuestro propio cuerpo, reecolonizándolo hasta conseguir que deje de ser el terreno sobre el cual se erige el patriarcado (Ruiz, 2008).

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Fuente: Tu dedo Corazón

Aceptar Otras Tendencias Sexuales

Lesbision | 13:44 |
   En un momento de cambio, de transición, hacía una sociedad, por fin, plural y abierta, las diferentes opciones sexuales que elijamos son todas correctas y aceptadas por la mayor parte de la sociedad. Pero; ¿Es esto del todo cierto?



   Aunque todavía sigue existiendo una mentalidad reacia a aceptar que una mujer puede amar y compartir su vida con otra mujer de la misma forma que lo hacen una mujer y un hombre.

   Entender, que lo “normal” no existe y que los sentimientos y las relaciones personales van más allá de los tiempos en los que vivimos, es complicado y sobretodo de difícil comprensión para ciertas personas que por creencias o ideologías morales, se ven limitadas. Lo cierto, es que, al margen de lo que se cuenta muchas veces en relación a salir del armario, el proceso de aceptación de cada persona, cuando decides compartir tu vida con una persona del mismo sexo, es complicado.

   Pero es complicado porque la educación que se recibe y las costumbres nos “obligan” a pensar que estamos al margen de lo correcto, de lo “normal”. Ser lesbiana y aceptarlo no consiste en tratar de publicar constantemente tu deseo sexual o tu tendencia sentimental, si no ser consciente de los riesgos que vas a asumir y tener muy claro que no debes aceptar ninguna diferencia de ningún tipo por tu opción sentimental.

   Salir del armario es un cambio de mentalidad que cada persona, interiormente debe trabajar y exportar poco a poco hacia el resto de personas. Vivir al margen de lo que opine una pequeña parte de la sociedad, que sin argumentos, desea ponerse en contra de los que elijen otra opción de vida.

   En ocasiones lo realmente complicado es aceptar que tú opción es igual de correcta y de válida que cualquier otra y además comenzar a entender que tu tendencia es referente a tus sentimientos y que lo único importante es la felicidad, en última instancia.

   Por tanto, olvidémonos de términos como ser lesbiana u otros más despectivos, para comenzar a ver a estas personas como mujeres que tienen otra tendencia sexual, que no es mayoritaria pero por eso no es peor ni menos válida.

7 Falacias de la Homofobia

1. La homofobia es un prejuicio de los heteros contra los gays

   La homofobia no es patrimonio exclusivo de los heteros. Uno de los procesos más complejos por los que he pasado fue darme cuenta de la mucha homofobia que había interiorizado durante años. Mi primer paso para superar mi homofobia fue aceptarla. Hay gays y lesbianas homófobos, igual que hay heteros homófobos. Ser gay no es ningún antídoto. Muchos gays y lesbianas no soportan los esfuerzos de los colectivos gays por la visibilidad y normalidad. Los homosexuales que más se ocultan suelen ser también los más homófobos. Gran parte de las agresiones homófobas suelen ser ataques de jóvenes homosexuales en el armario que recurren a la agresión como intento de reafirmar su masculinidad. Muchos gays critican y rechazan el día del orgullo gay. La homofobia es algo que respiramos todos, homosexuales y heteros, a lo largo de generaciones. Por fortuna la situación está cambiando mucho, pero la historia de muchos años no se ventila en una década.



2. Se es homófobo o no se es

   La homofobia, como muchos otros prejuicios, no es una cuestión binaria. Hay muchos niveles. Una escala de muchos grados. No importa lo liberal que uno sea, todos tenemos prejuicios que nos hacen ser, queramos o no, machistas, racistas y también homófobos. Si tienes alguna duda prueba a hacer el test en inglés de Understanding Prejudice. Es un ejercicio que demuestra que, por muy liberal que uno sea, de manera inconsciente todos asociamos más fácilmente aspectos positivos a "lo masculino" y "lo blanco". Da igual que seas hombre o mujer, blanco o negro. Es alucinante y frustrante a la vez.

   Pensar que uno es totalmente liberal, sin prejuicios, es una trampa de nuestra inteligencia. Sólo siendo conscientes de los prejuicios que tenemos podemos verlos como lo que son: errores de nuestra inteligencia, miedo al que es diferente. Nunca se deja de ser homófobo del todo, hay que tener cuidado con los prejuicios que llevamos dentro. Para entender cómo funcionan los prejuicios recomiendo leer el libro de Malcolm Gladwell, Blink.

3. Yo no soy homófobo, tengo muchos amigos gays

   Recurrir a "yo tengo muchos amigos gays..." es la muletilla más común para justificar la homofobia. Cada vez que oigo la frasecilla viene un comentario homófobo a renglón seguido. Los gays tenemos gran capacidad para autojustificar la homofobia porque si no, de otra forma, nos quedábamos sin amigos. Me pasa lo mismo con la frasecilla de "no tengo nada en contra de..." es una forma de negar lo que se afirma a continuación. Tener amigos gays no es ninguna prueba de estar libre de homofobia.

4. La homofobia hace daño a los homosexuales

   El odio daña al odiado pero también al que odia. Una persona homófoba puede sufrir lo indecible al conocer que un hijo, un hermano, un amigo o un padre es homosexual. Sus prejuicios les hacen sufrir. Muchos conocemos de primera mano historias dolorosas de gente que ha sufrido mucho al ser incapaces de aceptar la homosexualidad de un ser querido. La homofobia puede acabar volviéndose con virulencia contra el homófobo como un veneno bebido durante mucho tiempo. Aún más dolorosas son las conspiraciones de silencio que se instalan en muchas familias incapaces de aceptar la realidad de un hijo gay o una hija lesbiana. Pensar que la homofobia sólo hace daño a los homosexuales es no querer ver que el daño va más allá.



5. La homofobia se supera con tolerancia

   Para la Real Academia la tolerancia es "respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias las propias". Toleramos aquello que nos molesta. Lo que está mal. Lo que no nos gusta. Toleramos el ruido, los malos olores, el calor, los dolores de dientes, las colas de espera. Tolerar la homosexualidad es una forma de homofobia. ¿Sería aceptable decir que alguien "tolera" las mujeres? ¿que "tolera" los ancianos?. La tolerancia no es una forma de superioridad moral. Todo lo contrario, es un signo de repulsa. Superar cualquier prejuicio como la homofobia es aceptar y abrazar al que es distinto, entender que, en la diversidad, hay mucho que aprender sobre nosotros mismos. No se trata de tolerar sino de aceptar, dar la bienvenida y acoger al que es distinto.

6. La homofobia consiste en insultos y agresiones

   Los ataques homófobos, las agresiones o los insultos, son una forma de homofobia. Quizá la más visible, pero no la única. La presencia de la homofobia es mucho peor cuando está presente en sistemas legales e instituciones. Muchos países discriminan a las parejas homosexuales en legislación familiar y de pareja. En nuestro país la ley de reforma del código civil que da los mismos derechos a las parejas gays está recurrida ante el Tribunal Constitucional. Hay países donde la homosexualidad está penada con la muerte. Varias instituciones tienen regulación específica de expulsión para homosexuales. En otras ocasiones la homofobia se expresa con mofa, chistecillos o sólo un tratamiento diferente por ser homosexual. Muchos homosexuales se ven forzados a ocultar su orientación ante sus compañeros de trabajo mientras los demás hablan tranquilamente de su vida. La homofobia no consiste sólo en un insulto anónimo en la calle.

7. No habría homofobia si los gays fuesen de otra manera

   Esta es la forma más clara de homofobia. Justificar el odio en el comportamiento del que es odiado. Echar la culpa a la víctima de su situación. Tienen lo que se merecen. No nos gustan. Respetando las reglas de nuestra sociedad y tratando a los demás con humanidad, cada uno tiene derecho de ser como le venga en gana. Ahí está el sentido de la marcha del orgullo gay: celebrar la diversidad. No se puede justificar la aversión porque no nos guste "cómo es alguien". Qué aburrida sería la vida si todos fuésemos iguales. Qué aburrida si todos fuésemos como los demás quieren que seamos.


   La homofobia es un error de la inteligencia que tiene su base en el miedo al que es distinto. Como todo prejuicio, se basa en la etiquetación de una persona como parte de un grupo. Pero no existe una única forma de ser gay, igual que no existe una forma única de ser veinteañero. Cada persona es distinta. Dejar de ver la persona como individuo para ver sólo la persona como parte de un grupo es el origen de los prejuicios sobre "las mujeres", "los catalanes" o "los gays". Aceptar a los demás como son y aprender de todos es la forma de disfrutar y aprender de la enorme diversidad de la humanidad.

¿Una persona bisexual en realidad es homosexual pero no se asume como tal?

   La heterosexualidad es la orientación o preferencia sexual que muchas veces es considerada como la única o la mejor. Y también es la única que no esta estigmatizada institucional y socialmente. También es la orientación o preferencia que nos inculcan desde la mas tierna infancia y la orientación o preferencia por default, es decir, eres heterosexual hasta que demuestres lo contrario.

   Por el contrario la homosexualidad y la bisexualidad son estigmatizadas, no deseadas, ni esperadas. Se rechaza tanto el gusto por el mismo sexo, como las características personales que en el imaginario social tienen todas las personas que desean a personas de su mismo sexo. (hombres afeminados, mujeres masculinas, promiscuos, inestables, frívolos). Y a esto se le llama homofobia. Pero también se rechaza que una persona le guste mas de un sexo y/o genero y todas las características asociadas a estas personas (infieles, indefinidas, traicioneras, transmisoras de VIH y promiscuas). Y a esto se le llama bifobia.


   Por esta razones muchas personas con atracciones sexuales y/o afectivas por el mismo sexo/genero o por mas de un sexo/genero les es difícil asumir estos sentimientos y tener una identificación positiva como gays, lesbianas y/o bisexuales y muchas otras que se sienten o se identifican positivamente como gays, lesbianas y bisexuales se presentan como heterosexuales para evitar todas las consecuencias desagradables reales (la mayoría de las veces y algunas veces fantaseadas) que tendrían al no hacerlo.

   Por todo lo anterior no hay razón alguna para que las personas que les resulta difícil asumir sus deseos y sentimientos homosexuales se consideren como bisexuales ya que esta preferencia u orientación también es estigmatizada. Y tampoco para que las personas que aún no les parece conveniente presentarse como gays y lesbianas lo hagan como bisexuales pues al hacerlo no obtienen mas ventajas que las que tendrían al presentarse como gays y lesbianas.

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¿Ser bisexual es ser una persona indefinida?

   Claro que no, la bisexualidad es una definición tan estable y tan válida como la heterosexualidad, el lesbianismo y lo gay.

   Las orientaciones o preferencias sexuales no son fijas y estables para todas las personas, algunas personas, se identifican o se sienten gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, otra o ninguna toda su vida.

   Pero otras personas se identifican o se sienten bisexuales y luego a lo largo de su vida se identifican o se sienten de otra manera, otras por el contrario se sienten o identifican como gays, lesbianas u heterosexuales y después se identifican o se sienten bisexuales, otras mas se sienten heterosexuales y luego gays sin identificarse nunca como bisexuales y viceversa.

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¿Los bisexuales requieren tener a un hombre y a una mujer como parejas al mismo tiempo?

   No necesariamente. El hecho de que una persona bisexual disfrute de relacionarse con personas varios sexos y/o géneros, no implica que tenga que relacionarse con todos a la vez.

He escuchado que las personas bisexuales son infieles por naturaleza ¿Es esto cierto?

   Así como a un hombre gay o a una mujer heterosexual les gustan los hombres, pero no todos los hombres ni se relacionan con todos, que a algunas personas bisexuales nos gusten hombres y mujeres no quiere decir que nos gusten todos los hombres y todas las mujeres o que queramos relacionarnos con todos. Estamos en la misma posibilidad de ser monógamos o poliamorosos que gays, lesbianas y heterosexuales.

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¿Orientación o preferencia sexual?

   Hay un debate entre psicólogos, sexólogos y otros científicos y activistas y personas gays, lesbianas y bisexuales sobre la palabra a utilizar, orientación o preferencia. Pero sea cual sea la palabra a utilizar nosotros entendemos por preferencia/orientación sexual al conjunto de tus atracciones sexuales, preferencias afectivas, preferencias sociales, fantasías sexuales y prácticas sexuales a lo largo de tu vida pasada y presente y la que imaginas en el futuro. Y a la identidad o sentimiento de pertenencia a alguna de las mas reconocidas, gays, lesbiana, bisexual u heterosexual.

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Preguntas Frecuentes Sobre Bisexualidad

   La bisexualidad es la orientación/preferencia sexual que consiste en la atracción erótica y/o afectiva por más de un sexo y/o género, mujeres, hombres y/o personas transgenéricas.

   Es una orientación erótica-afectiva, como la heterosexualidad y la homosexualidad, en la que las diferencias de sexo y género dejan de ser determinantes. Las personas con una orientación bisexual, se sienten atraídas por las personas como un todo, sin fijarse demasiado en las barreras de género.

   La bisexualidad es otro camino para la orientación del deseo y las relaciones erótico-afectivas, se vive de distintas formas, como personas con esta orientación/preferencias hay.



Preguntas frecuentes sobre Bisexualidad:

♦ ¿Orientación o preferencia sexual?
♦ ¿Los bisexuales requieren tener a un hombre y a una mujer como parejas al mismo tiempo?
♦ ¿Ser bisexual es ser una persona indefinida?
♦ ¿Una persona bisexual en realidad es homosexual pero no se asume como tal?

Tipos de Bisexualidad

   El Dr. Fred Klein, en su libro "La opción bisexual" clasifica la bisexualidad en tres categorías: transitoria, histórica y secuencial.


Transitoria: Un bisexual transitorio es una persona que (probablemente) esta pasando de la heterosexualidad a la homosexualidad. Pasar en la otra dirección es menos corriente. Según el Dr. Klein, el paso hacia cualquiera de esas direcciones puede ocurrir en un periodo corto de tiempo, pero puede tardar más de un año en completarse. Si se evalúa a una persona durante ese periodo, su orientación parecerá bisexual; pero si se hace algún tiempo después entonces se mostrará homosexual o heterosexual.

 Histórica: La persona bisexual histórica es alguien cuya orientación es esencialmente heterosexual o homosexual, pero que en algún momento ha tenido alguna experiencia o alguna fantasía con una persona cuyo sexo era contrario a su orientación.

 Secuencial: En esta categoría, la persona tiene una relación con una persona de un sexo, y a continuación, con una del otro sexo. Su compromiso en la relación es igual en cada caso. El número de estas relaciones variará, dependiendo de las necesidades de la persona.

   La idea principal es que la persona con una orientación bisexual no encaja en un molde simple. Hay grados y matices de comportamiento y actitud, todos los cuales hay que considerar y resultan de una complejidad que todavía no se acaba de entender.

Bisexualidad

¿Te han atraído alguna vez personas de los dos sexos? ¿Crees que eres bisexual pero no estás segura? La bisexualidad es otra opción sexual más común de lo que tú te piensas. ¿Alguna vez te has sentido atraída por una chica pero sabes que no eres lesbiana? Te damos las claves para saber si eres bisexual, punto por punto, avalados por informes científicos.

   Alfred Kinsey, uno de los más importantes investigadores sexuales, afirma en el conocido informe que lleva su apellido que la sexualidad es bastante más compleja de lo que se piensa habitualmente.

  La orientación bisexual comprende todo el territorio entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad. Las personas bisexuales no se sienten atraídas necesariamente por igual a los dos sexos, y algunos tienen preferencia por uno u otro. Kinsey asegura que al describir el comportamiento erotico general de la sociedad, existe un completo y cromático espectro que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva. Aunque en realidad la mayoría de las personas se encuentran en los estratos intermedios entre ambas opciones, es decir, la mayoría, según este investigador, somos bisexuales. Así demuestra que la homosexualidad y la heterosexualidad no son definitivas, absolutas e independientes una de otra, ni tampoco excluyentes.

   Las personas bisexuales, igual que las de cualquier otra orientación, pueden asumir varios tipos de relaciones, tales como monogamia, poliamoría, polifidelidad, promiscuidad, sexo grupal, y celibato. Para aquellos que tienen más de una pareja sexual, éstas pueden ser o pueden no ser todas del mismo sexo.

   Dado que algunos bisexuales no se sienten que encajen ni en la comunidad gay ni en el mundo heterosexual, y dado que tienden a ser "invisibles" en público (confundiéndose sin problema en las sociedades homosexual y heterosexual), algunos de ellos han formado sus propias comunidades, cultura, y movimientos políticos. Sin embargo, puesto que la orientación bisexual puede estar en cualquier punto entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad exclusivas, otros de los que se identifican como bisexuales prefieren formar parte de la sociedad homosexual o heterosexual.

   La bifobia, es un neologismo que se refiere al rechazo irracional hacia las personas bisexuales o hacia la bisexualidad misma. Refiere al punto de vista de que las personas deben pertenecer obligatoriamente a alguna de las otras dos orientaciones sexuales (heterosexualidad u homosexualidad). A esta actitud puede denominarsele monosexualidad obligatoria. Los y las bisexuales pueden ser objeto de ataques bifóbicos pues se les exije una supuesta "definición" de su orientación sexual en términos dicotómicos de homosexualidad o heterosexualidad. Sin embargo, la bisexualidad puede ser considerada una orientación tan definida como las otras.

    ¿A quién debo contárselo?

       "Salir del armario" es el proceso de aceptarse a una misma como lesbiana y plantearse lo abierta que una quiere ser sobre su orientación sexual. Desdichadamente, no todas las personas que conozcas pensarán que ser lesbiana es lo mejor del mundo. Es difícil saber quién puede aceptar la información y darte su apoyo. Algunos amigos tal vez te acepten. Algunos tal vez se alejen o le cuenten a otras personas sin tu permiso. Decírselo a la familia puede ser muy difícil. Algunas familias brindan su apoyo generosamente. Pero algunos jóvenes gays y lesbianas fueron echados de casa cuando sus padres se enteraron. Es importante tener alguien con quien hablar ya que no es normal ni sano que los jóvenes tengan que guardar en secreto una parte tan importante de su vida.



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    ¿Cómo es ser joven y lesbiana?

       No hay una forma "correcta" o "incorrecta" de ser lesbiana. Debido a los estereotipos de la sociedad sobre las lesbianas con los que todos hemos crecido, podrías pensar que tienes que ser de una cierta manera si eres lesbiana. Pero hay lesbianas de todas formas y tamaños, con todo tipo de ocupaciones y niveles de educación. Tu orientación sexual forma sólo una parte de quién eres. Probablemente tengas pasatiempos e intereses que sean los mismos que los de tus amigos heterosexuales. Debido a la homofobia y los prejuicios, algunas personas no aceptan a las lesbianas y los gays. Las lesbianas y los gays sufren discriminación y violencia, por lo que hay muchas organizaciones gays y lesbianas que luchan por los derechos civiles de los gays y las lesbianas.

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    ¿Soy normal?

       Sí, tú eres normal. Es perfectamente natural que las personas se sientan atraídas por miembros de su propio sexo. Pero no es algo que se fomente en nuestra sociedad. Muchas personas ignoran estos sentimientos debido a los prejuicios que existen contra los gays y las lesbianas. La mayoría de los expertos científicos están de acuerdo en que la orientación sexual de una persona se determina a una edad muy temprana, tal vez incluso en el nacimiento. Es normal y sano ser uno mismo, sea uno homosexual o heterosexual. Lo realmente importante es que aprendamos a gustarnos a nosotros mismos.



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    ¿Cómo sé si soy lesbiana?

       Durante la adolescencia, la mayoría de las jóvenes comienzan a percatarse de sus sentimientos sexuales y se interesan por salir con su pareja. Muchas jóvenes se sienten atraídas físicamente por los hombres. Pero muchas otras jóvenes se sienten atraídas físicamente por otras mujeres. Tú tal vez observes que te atraen otras mujeres. Tal vez sientas de forma diferente que tus amigas, como que no encajas a veces. Cuando tus amigas se fijan en los chicos, tú te fijas en las chicas. Salir con chicos no te interesa. "¿Por qué no hay hombres como estas mujeres estupendas que se me presentan constantemente?", pensarás.

       Es probable que también te sientas confundida o insegura sobre si eres o no lesbiana. Los adultos
    tal vez te digan que eres demasiado joven para que te llames a ti misma lesbiana, o que estás pasado por una etapa, o que no sabes de lo que hablas. Esa es su forma de evitar la realidad de muchas mujeres lesbianas. Tal vez te sientas confundida porque te atraen tanto los hombres como las mujeres. No hay nada malo en ello. Algunas mujeres tienen relaciones con hombres y mujeres durante toda la vida. Algunas tal vez decidan ser exclusivamente lesbianas o heterosexuales. Nuestra sexualidad se desarrolla con el tiempo. No te preocupes si no estás segura.

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    ¿Qué significa ser lesbiana?

       Las lesbianas son mujeres que aman a otras mujeres. Son mujeres que se sienten atraídas sexualmente por otras mujeres. Son mujeres que pueden sentirse vinculadas más estrechamente a las mujeres emocional y espiritualmente. Son mujeres que prefieren a otras mujeres como pareja.

       Uno de cada diez adolescentes es lesbiana o gay. Muchas mujeres famosas de la historia eran lesbianas. Las lesbianas son docentes, médicas, abogadas, obreras de fábrica, agentes de policía, políticas, pastoras, estrellas de cine, artistas, madres, monjas, camioneras, modelos, novelistas. Hacen de todo lo habido y por haber.

       Las lesbianas son blancas, negras, asiáticas, hispanas, indias americanas, judías, católicas, protestantes, budistas. Las lesbianas son ricas, pobres, de clase trabajadora y de clase media. Algunas lesbianas forman parte de matrimonios heterosexuales. Algunas lesbianas son discapacitadas. Las lesbianas son mujeres jóvenes y de edad avanzada. Las lesbianas viven en las ciudades y en el campo.

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    Lesbianismo

    Lesbision | 23:57 | |
         Lesbianismo es el término empleado en español para hacer referencia a la homosexualidad femenina. La palabra lesbiana se utiliza para hacer referencia a una mujer homosexual, es decir, una mujer que se identifica a sí misma, o a la que otros caracterizan, por su deseo hacia otras mujeres.

         El concepto de lesbiana empleado para diferenciar a las mujeres que comparten una orientación sexual es un constructo del siglo XX. Aunque la homosexualidad femenina se ha encontrado en muchas culturas a lo largo de la historia, no ha sido hasta recientemente cuando la palabra lesbiana ha comenzado a decribir a un grupo de personas. A finales del siglo XIX los sexólogos publicaron sus observaciones sobre el deseo y conducta hacia personas del mismo sexo, y distinguieron a las lesbianas en la cultura occidental como una entidad distintiva. Como resultado, las mujeres que se dieron cuenta de su nuevo estatus médico formaron subculturas underground en Europa y Norteamérica. El término lesbiana fue ampliado en la década de 1970 con la influencia de la segunda ola del feminismo. Desde entonces los historiadores han reexaminado las relaciones entre las mujeres, y cuestionan qué es lo que hace que una mujer o una relación puedan calificarse de lesbianas. El resultado de este debate ha introducido tres componentes a la hora de identificar a las lesbianas: conducta sexual, deseo sexual, o identidad sexual.

         La sexualidad de las mujeres a lo largo de la historia ha sido en su mayor parte construida por hombres, los cuales han limitado el reconocimiento del lesbianismo, como posibilidad o expresión válida de sexualidad, debido a la ausencia de hombres en una relación lésbica. Los primeros sexólogos basaron sus caracterizaciones de las lesbianas en sus creencias de que las mujeres que desafiaban sus estrictamente definidos roles de género estaban mentalmente enfermas. Desde entonces, muchas lesbianas han reaccionado a su designación como marginadas inmorales mediante la construcción de una subcultura basada en la rebelión de los roles de género. El lesbianismo ha estado en ocasiones de moda a lo largo de la historia, lo que afecta a cómo las lesbianas son percibidas por los demás, y cómo se perciben a sí mismas. Algunas mujeres que realizan conductas homosexuales pueden rechazar la identidad lésbica por completo, y rechazar definirse a sí mismas como lesbianas o bisexuales.

         Las diferentes maneras en las que las lesbianas han sido representadas en los medios de comunicación sugiere que la sociedad occidental en su conjunto ha estado simultáneamente intrigada y amenazada por las mujeres que desafían los roles de género femeninos, y fascinada y asombrada con las mujeres que se relacionaban románticamente con otras mujeres. Sin embargo, las mujeres que adoptan la identidad lésbica comparten experiencias que conforman un panorama similar al de la identidad étnica: como homosexuales, están unidas por la discriminación y el rechazo potenciales que sufren por parte de sus familias, amistades y otros. Como mujeres, tienen preocupaciones distintas a las de los hombres. Las lesbianas tienen la posibilidad de encontrarse con problemas de salud específicos. Las condiciones políticas y las actitudes sociales también continúan afectando la formación de relaciones y familias lésbicas.

    Preguntas frecuentes sobre Lesbianismo:

    ♦ ¿Qué significa ser lesbiana?
    ♦ ¿Cómo sé si soy lesbiana?
    ♦ ¿Soy normal?
    ♦ ¿Cómo es ser joven y lesbiana?
    ♦ ¿A quién debo contárselo?

    10.- ¿Qué se puede hacer para superar el Prejuicio y la Discriminación?

       Las investigaciones muestran que las personas que tienen actitudes más positivas para con las personas homosexuales y bisexuales son aquellas que admiten que conocen alguna persona homosexual de quien son amiga o compañero de trabajo. Por esa razón, los profesionales de la psicología creen que las actitudes negativas para con las personas homosexuales y bisexuales, como grupo, son prejuicios carentes de fundamento en experiencias reales pues están basados en estereotipos.

       Una nueva educación generalizada sobre la orientación sexual y la homosexualidad tendería a disipar el prejuicio contra las personas homosexuales. La información precisa sobre la homosexualidad es doblemente importante para las personas jóvenes quienes están descubriendo y procurando comprender su sexualidad, sea homosexual, bisexual o heterosexual. Los temores a que tal información provoque un aumento de la población homosexual, carecen de validez. La información acerca de la homosexualidad no convierte a nadie en homosexual o heterosexual.

       Además, proteger de la violencia y la discriminación a una minoría es muy importante en sí mismo. A cualquier minoría. Por eso, algunos Estados incluyen la agresión contra las personas por su orientación sexual como crímenes con alevosía. Muchos Estados en los Estados Unidos y Europa, cada vez más, tienen leyes que prohíben la discriminación por la orientación sexual.


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