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Y para tí, ¿qué es follar?


¿Desnudos? ¿orgasmo? ¿masturbación? ¿penetración? No hay consenso entre las lesbianas de lo que se entiende por ‘follar’. Sensaciones y necesidades muy personales que se entremezclan con el oscuro pasado de lo que históricamente se ha considerado sexo entre mujeres. Chicas de toda España nos cuentan qué es follar. ¿Y para ti?

Dos chicas se conocen en una discoteca. Toman una copa, bailan y terminan la fiesta encerradas en el baño del local. Se besan en la boca, se quitan los sujetadores, se levantan la camiseta. Se tocan. La mano de una de ella busca el clítoris de su compañera. La compañera prefiere hacer lo mismo con su lengua. Transcurren diez minutos y alguien golpea la puerta. “Salid ya, que aquí tenemos que entrar a hacer pis”. 

Las chicas salen, regresa cada una con su grupo de amigas. “Me he follado a esa en el baño”, dice una. La otra cuenta a sus amigas: “Nos hemos magreado un poco, sin más”.


Follar o no follar. Esa es la cuestión. No todas las mujeres entienden lo mismo por sexo. Esto tiene una herencia, una historia. Durante siglos se consideraba que el sexo entre mujeres no era realmente sexo. En un juicio contra dos mujeres acusadas de comportamientos inmorales, en Escocia en 1811, el juez las exculpó afirmando que “No existe la más mínima posibilidad de que una mujer en la cama con otra mujer mantengan comportamiento inmoral. Si una mujer abraza a otra, no quiere decir nada”.

Mientras algunos códigos penales castigaban los actos sexuales entre varones, las amonestaciones a mujeres eran muy leves, a no ser que existiera cualquier tipo de artilugio utilizado entre ellas con el fin de emular un pene y perpetrar una penetración. Lo que realmente se castigaba, en estos casos, era la desobediencia del rol de género.

“La escasa preocupación por el homoerotismo femenino fue contribuyendo a extender una ignorancia profunda acerca de lo que podían hacer las mujeres unas con otras y de cómo calificar estos actos”, sostiene Beatriz Gimeno en su libro Historia y análisis político del lesbianismo.

La ignorancia de lo que hacen dos mujeres en la cama se extiende hasta nuestros días. Continúa siendo una duda para aquellos que no conciben el sexo sin un miembro masculino. Y, en muchos casos, continúa siendo un tema confuso entre las lesbianas a la hora de buscar un consenso de lo que se entiende por “follar”.

“Una vez una novia me preguntó, ¿con cuántas te has acostado tú antes? Y yo me quedé un poco pillada, porque ahí hablando nos dimos cuenta de que entendíamos cosas muy distintas. Para ella las caricias y masturbaciones eran previos, juegos sexuales, pero no follar. Si no había desnudos u orgasmos ella no consideraba sexo propiamente tal. Follar. Para mi follar se puede hacer con ropa y en un parque, un bar, lo que sea”, comenta Ana María, profesora de 39 años.

“Creo que follar es mucho más que simplemente correrse, un orgasmo no es más que una parte. Es algo realmente difícil de definir, sin embargo, si vemos a dos personas que están follando lo identificamos perfectamente. Es posible que la cuestión sea, ¿dónde comienza a ser sexo? Creo que follar empieza en el momento que los cuerpos de las personas implicadas se entregan al deseo, ya sea con una caricia, un beso, una mirada o una penetración. En el momento en el que todo lo demás desaparece y se despiertan los instintos más básicos”, opina Fátima, de Madrid.

Patricia Huelves, sexóloga de MíraLES, sostiene que definir lo que es “follar” desde un punto de vista sexológico es prácticamente imposible, puesto que es un término más coloquial que técnico. “Desde la sexología podemos aportar es una visión no coitocentrista de la sexualidad: las relaciones eróticas, las prácticas sexuales o lo que llamamos ‘follar’ o ‘hacer el amor’ es mucho más que penes y vaginas. Utilizo como referente el modelo biopsicosocial de la sexualidad. Desde un punto de vista biológico, con la función reproductiva por bandera, follar es coito, penetración vaginal. Pero si atendemos a factores psicológicos y sociales debemos incluir las otras funciones de la sexualidad, igual de importantes: el placer y la comunicación. En relación a estas funciones follar es besarse, meterse mano, rozarse, tocarse, insinuarse, seducirse, masajearse, disfrutar, susurrar, acariciar, masturbar, chupar, fantasear, morder y un larguísimo y casi infinito etcétera”, afirma la profesional.

“Para mi follar implica dos personas, tiene que existir atracción entre las personas y puede ser con o sin penetración, por supuesto, con o sin juguetes. Para mí el acto de follar en si sería mantener sexo con otra persona, sea como sea y creo que no es necesario llegar a correrse puesto que alguna vez nosotras, las mujeres, también hemos tenido gatillazo ¿no?”, comenta Rosa, embarazada de nueve meses.

Yurena, de Canarias, sostiene que para ella el follar es todo. “Todo lo que sea sexo, todo lo que me lleve al orgasmo o no. Con dildos, arneses, sólo con las manos y la boca, desnudas, semidesnudas o mediovestidas, si me hace sudar y vibrar eso es follar para mi”.

Para Mayte, de Tenerife, la definición de follar ha ido cambiando a lo largo de sus 45 años. “Antes tenía el término tan heteronormalizado que lo reducía a la penetración con un dildo o con los dedos. Con el tiempo fui entrando en una sexualidad más lésbica, en la que el concepto de follar empezó a ser mucho más que penetrar, y además lo que entraba ya no lo hacía como sustituto del pene, sino con entidad y morbo propios. Me costó hacer el cambio en mi mente -¿influenciada, entre otras cosas, por la industria de un porno hecho para hombres?-, y liberarme de estereotipos. Hoy por hoy, creo que he follado cuando he alcanzado el orgasmo con mi compañera de cama, independientemente de la forma en que haya llegado a él. ¿Y qué pasa cuando una de las dos no llega, por el motivo que sea? Pues que mido si hemos follado por cómo hemos sudado la camiseta, y por esa sonrisita tonta de satisfacción que se te queda pintada en la cara luego”.

“Para mi follar es un acto sexual entre dos personas que se desean, no tiene por qué incluir ni penetración ni orgasmo, ni desnudos. Pero para si que hay que tener roce con genitales. Puedes restregarte por la pierna de tu amante y conseguir placer. Y a eso le podría llamar follar aunque no me corriese o aunque llevase bragas mientras me restriego. Pero imagino que para personas que tengan limitaciones, por ejemplo una parálisis que haga que pierda la sensibilidad en los genitales, follar puede ser algo diferente. Y que también es válido, que cada una folle como quiera o como pueda”, concluye riendo Isabel, estilista alicantina.

El académico y escritor Raquel Lucas Platero sostiene que follar es excitarse con alguien. “Obtener placer en un sentido amplio. En el BDSM hay mucho placer pero no siempre necesariamente hay orgasmo. Lo que se llama ser ‘stone butch’ implica sexo pero no para ti. En fin, son diferentes experiencias que ponen encima de la mesa el placer, pero no siempre interpretado como orgasmo”.

“Para mí hay una distinción entre follar y hacer el amor. Incluso estando en pareja. Follar sería algo más instintivo, más visceral, más guarro, en el sentido siempre positivo, al tratarse de algo más desinhibido. Considerar que si no hay un pene no es follar me parece una concepción absolutamente cerrada y heteropatriarcal. Hacer el amor para mí es algo que tiene que ver más con la expresión de un sentimiento muy hondo, de un cariño, de una delicadeza, de una sensualidad, de juegos eróticos, que pueden ser más cañeros o menos, pero siempre dentro del amor, del respeto, de la ternura, del goce compartido y lleno de complicidades de todo tipo, desde las más simples hasta las más retorcidas. Insisto en que para mí, follar y hacer el amor son cosas distintas y todas en algún momento caemos en una u otra opción, según el momento, las circunstancias vitales personales o de tu pareja o amante”. Afirma Paz, profesora y escritora catalana.

Virginia, desde Pamplona, también hace la distinción entre follar y hacer el amor. “En sentido ‘bíblico’, para mí es la práctica más salvaje que puedo hacer con una desconocida, llegar al orgasmo como objetivo pero no como fin, según pericia y ocasión. Todas sabemos discernir un cuerpo y una cara bonita, pero no como resultará cuando la deseamos tanto como para acabar acostándonos con ella a nivel de sincronización sexual y es que lo recalco tanto porque coño, me ha pasado. A nivel emocional lo de follar no tiene ninguna carga en ese aspecto, porque para mí es otra cosa sentir algo o hacer el amor”.

Para Rebeca, activista LGTB madrileña, el follar es un cúmulo de sensaciones. “Hay juegos de seducción que te ponen los pezones de punta y hacen arder tu entrepierna. Adrenalina y ganas de poseerla y de que te posea. A veces se queda en agua de borrajas, porque no hay conexión. Expectativas que se van al traste dejándote insatisfecha, no en lo puramente físico sino en alguna parte más profunda de ti. Otras veces, te camelan unos ojos, unos labios, una sonrisa. Los persigues durante tiempo. Tienes fantasías nocturnas y cada vez que la ves poned cara de boba. También hay veces en las que follas sin follar. Creo que muchas de nosotras lo hemos experimentado. De repente notas una mirada clavada en ti, o eres tú quien la mira así a ella. Puro fuego y deseo sexual en el aire, y en ti. Se materializa y el aire se vuelve denso de tanta ferohormona. Y al final no sucede nada, pero tu cuerpo y tu mente terminan tan exhaustas como si lo hubierais hecho de verdad. Alguien me dijo una vez que a esto se le llama follar con la mente”.

“Es un poco limitado pensar que el sexo solo se consigue con un pene o algo que lo iguale, puesto que para mí el encuentro debe ser un fluir químico o un fluir de energías, para que resulte rico y placentero o, si no, por más que se tenga un pene entremedio no resulta una experiencia cien por ciento gozosa. Es rico cuando no se tiene una fórmula para follar y se va dando distinto con cada persona. Lo importante es conocerse uno y estar en sintonía con la otra persona. Para mí el sexo es igual a orgasmo. Con un dedo, la boca, de pie, en la cama. Y bueno, si no se llega, al menos se intenta”, sostiene Constanza, de Chile.

Una respuesta más elaborada entrega Serena, nombre artístico que utiliza como cantante: “Para mi follar es la satisfacción de una necesidad psicológica y fisiológica para conseguir devolverle al cuerpo el estado de equilibrio. Por otra parte es la única que, aún siendo fisiológica, puede no ser realizada sin que con ello el cuerpo sufra consecuencias. Ignorar la sed nos llevaría a la muerte en 76 horas, ignorar la necesidad de sexo no. Para algunas mujeres, es necesario realizar actividades que satisfagan dicho desequilibrio fisiológico sexual, desde la libertad que la imaginación ofrezca, con o sin implicación emocional. Se puede follar con amor, o sin él, con contacto físico duro o tiernas caricias, todo depende de qué necesita cada mujer para devolverle al cuerpo el estado de equilibrio”.

Diana, activista de Alicante, sostiene: “Para mi follar es una fusión de dos mentes en un determinado momento. Dos personas en conexión que saben satisfacerse mutuamente, dejando a un lado los complejos, miedos e inseguridades para dejarse llevar y volar con la otra persona hasta explotar de placer. Pero personalmente, para que esta explosión sea posible, previamente y durante, ha de haber una follada de mente, imaginártelo antes incluso de que suceda, las mentes son maravillosas y la imaginación una de nuestras más potentes armas. Y es que hay miradas y caricias orgásmicas y polvos que te dejan vacía e indiferente. La penetración es una forma más de satisfacer y jugar, como cualquier otra, por lo tanto no es imprescindible. El coño, si es entre dos mujeres, me parece importante, pero como cualquier otra parte del cuerpo: el pecho, el cuello, las piernas, el abdomen, la espalda, los glúteos, la cara. Considero fundamental desnudarse porque puedes sentir a la otra persona, su olor, su tacto, la suavidad de la piel. Poder tocar, lamer, envolverte en toda ella, y que ese mismo deseo de tocar a la otra persona se vuelva tan fuerte que lleguen a estorbar los mismos cuerpos. Follar siempre ha de ser un placer para los sentidos, desde el polvo más sucio hasta el más romántico”.

Noe, de Lanzarote, piensa que follar es el momento de pasión entre dos personas. “No es necesario que hayan desnudos, pero sí que hayan orgasmos, sin eso no hay nada”.

Follar o no follar. Esa es la cuestión. Para algunas es un juego de seducción, roces y miradas. Para otras la implicación de cuerpos desnudos y la coronación de un orgasmo.

Patricia Huelves insiste que es un modelo sexual anticuado y discriminatorio el seguir asociando la erótica y las prácticas sexuales con relaciones heterocéntricas y coitocéntricas. “Follar es lo que cada una busquemos en cada momento: caricias tiernas, un sexo oral muy apasionado, besos intensos, una mastubación lenta y pausada, un povo rápido, una seducción continuada en el tiempo. Follar es todo lo que nuestro imaginario nos permita y todo lo que pretendamos: reproducirnos, comunicarnos, disfrutar y todas las combinaciones posibles de estas cuestiones”, concluye la sexóloga.

Fuente: Mirales

Voyeurismo con Ella

     Deleitarnos con la exhibición de nuestra pareja sexual estimulándose a sí misma puede resultar una práctica contemplativa muy excitante para ambas. Comenzar a observarla desde el voyeurismo, repasando sus gestos mientras se desnuda y recorre con roces distintas partes de su cuerpo, puede anunciar destinos muy distintos para las partícipes de este encuentro sexual.

     Aquella que mira y remira explora el paisaje de un cuerpo en busca de la autocomplacencia de la carne. Y tras estas desvergonzadas muestras de erotismo, cuando finalmente sus miradas expresan que quieren más, surge una invitación a la espera de respuesta. Esta tentadora invitación puede aceptarse de distintas maneras. Una de las formas podría ser iniciando un acto de imitación de la amante, estimulándose a sí misma a la par que la compañera. Asimismo, podría ser una proposición para atravesar la barrera invisible que las separa e intervenir en la estimulación de la amante, terminando así juntas lo que una de ellas había iniciado, provisionalmente, a solas.

Ya no pude dormir durante días. Y es que su recuerdo me hacía pasar las noches en vela, condenándome a una excitación sin recompensa. El día que ella se masturbó junto a mí, su cara y cada uno de sus culpables perfiles quedaron grabados en mis retinas para siempre.



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Fuente: Tu dedo Corazón

69 (Sesenta y Nueve)

     El 69 es un cunnilingus o sexo oral en el que las dos mujeres estimulan y son estimuladas al mismo tiempo. Cada boca deslenguada yace en el clítoris de la amante, de modo que ambas ofrecen y reciben estimulación y placer de manera simultánea. Para aquellas que disfrutan enormemente del sexo oral, el 69 suele suponer una de sus prácticas sexuales preferidas, ya que se comparten sensaciones de entrega y de rendición durante el turbulento diálogo de los cuerpos.


Los recovecos concurridos, bocas y sexos llenos de mezcolanza tuya y mía, formaban pares emparejados, que intercambiaban deseos líquidos.

     Esta práctica sexual puede realizarse de distintas formas: con una amante tumbada en horizontal y con la otra sobre ella, haciendo coincidir cada boca con el pubis de la pareja, o bien con ambas ladeadas, de manera que el peso del cuerpo de una de las dos no recaiga sobre la otra.

     Lo importante durante esta práctica es mantener un equilibrio entre lo que se está llevando a cabo para excitar a la compañera sexual y el placer que al mismo tiempo se está recibiendo. Es posible que limitar la atención a la forma en la que se estimula a la amante pueda hacer que nos distraigamos de nuestras propias sensaciones corporales. De la misma manera, si nos centramos únicamente en nuestro placer, posiblemente estaremos descuidando que la estimulación oral dirigida a nuestra amante le esté resultando placentera. Podríamos decir que el clásico 69 se realiza de manera oral, aunque también es posible realizar esta postura estimulando los genitales de la compañera manualmente.

     El 69 es el arte oral de sentir y hacer sentir al mismo tiempo. Las lenguas prisioneras en los sexos de las amantes provocan un autentico carnaval de los sentidos. Las bocas se alimentan del sabor de las intimidades entregadas. Es el momento de amor físico en el que los gemidos son tapados por pubis que exigen una lengua experta que no desperdicie su talento y continúe lamiendo hasta el clímax.



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Fuente: Tu dedo Corazón

Tribadismo

     El término tribadismo deriva de las palabras griegas tribadé, que significa «ella la que roza», y tribein, que significa «frotar» Por este motivo, las mujeres que utilizaban esta práctica sexual eran llamadas tribas. Es cierto que en la antigua Grecia la homosexualidad femenina no estaba bien vista, por lo que el término tribadismo nace con matices peyorativos. No obstante, a lo largo del tiempo las mujeres lesbianas hemos reconceptualizado positivamente muchos e los términos y prácticas sexuales con las que se designa nuestra experiencia erótica.

     Consiste en el frotamiento del clítoris con alguna de las partes del cuerpo de la pareja sexual, dando lugar a multitud de posibilidades de roce: con el clítoris de la amante, con la pierna, el brazo, los pechos, los glúteos, o cualquier parte del cuerpo que produzca placer a quienes realizan esta práctica. El frotamiento de estas zonas erógenas puede practicarse con ropa o sin ella, ya que el clítoris se caracteriza por su gran sensibilidad y su simple roce continuado puede producir placer sexual.

     La postura más conocida del tribadismo es la llamada «posición de tijeras». En ella, las amantes se encuentran frente a frente, produciéndose la fricción de ambos clítoris, uno contra otro. Las piernas se encuentran entrelazadas como si dos tijeras abiertas (que serían las piernas) se juntaran de frente en el punto donde comienzan sus aberturas (lugar que serían los dos clítoris unidos). También es muy común la práctica del tribadismo haciendo que se unan cara a cara cada una de las partes semejantes de los dos cuerpos: pubis con pubis, boca con boca, piernas con piernas, manos con manos, meciéndose todas a la par. Es como si ambas amantes se fundieran, confundiéndose los cuerpos entre tanta unión y movimiento: cuatro manos, dos bocas, cuatro pies, dos clítoris y cientos de roces. Matemática en estado puro.


"Llegó hasta mí sin avisar. Su cuerpo se posó sobre el mío y ambos comenzaron a moverse al ritmo de mi respiración, que tomaba aire de su boca cada vez más rápido. Antes de irse, me avisó de que se corría."

     Existe una falsa creencia relacionada con el intento de imitar las relaciones heterosexuales a través de esta postura debido a que en ella se unen frontalmente los órganos genitales, al igual que sucede en el coito.

     En primer lugar, carece de sentido buscar la equivalencia de una práctica sexual en la que los protagonistas son dos clítoris con cualquiera de las prácticas sexuales heterosexuales, ya que en ninguna de ellas intervienen dos clítoris que se dan placer mutuamente. En segundo lugar, sin duda, existe una tendencia común errónea a asociar orientaciones sexuales determinadas con prácticas sexuales concretas, en lugar de ver personas con capacidad para experimentar placer con infinidad de partes de su cuerpo.

     No es exclusivo de la práctica sexual heterosexual la unión de las zonas genitales para ofrecerse placer mutuo. Al afirmar que sí es exclusivo, una vez más, estamos colocando la heterosexualidad en el centro de las múltiples opciones eróticas de las personas y, dentro de ella, la práctica sexual del coito. De este modo, la sexualidad lesbiana quedaría en una posición de subordinación y dependencia respecto a la heterosexualidad, que adquiere una función modélica de las distintas prácticas sexuales. Hasta que no rompamos con la idea de que la heterosexualidad es la única opción sexual posible, perfecta, central y normalizada, continuaremos arrastrando mitos e ideas perniciosas sobre la sexualidad lesbiana. Es importante darse cuenta de que nuestra sexualidad no sigue un modelo concreto: se basa en nuestros propios deseos y en nuestros cuerpos unidos.







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Fuente: Tu dedo Corazón

Besos

     Todo comienza con un beso. Los besos señalan el momento de algo que se sabe que empieza pero no cómo ni cuándo acabará. Nadie es inmune a ellos. Con los besos se abren las puertas del placer de todo el cuerpo. Son diestros desencadenando los temporales más libidinosos. No tienen una duración determinada y sus formas pueden ser tan variadas como todos y cada uno de los besos que se han dado y se darán en el mundo. Hay besos con los que parece pararse el tiempo mientras se entremezcla el aire en la boca. En otros, la taquicardia que acompaña a las bocas pegadas festeja la urgencia de los roces y las salivas. Nunca un beso significa lo mismo que otro. Y cualquier momento es bueno para entregarse en besos.


"Nuestros encuentros más apasionados eran al despertar, durante las mañanitas de mantequilla y mermelada. Ella quería desayunar al sol y yo a la sombra: unos veinte mil besos en cada una de nuestras rendiciones."

     Los labios y la lengua poseen una importancia suprema en la actividad sexual. Estas dos zonas erógenas están repletas de terminaciones nerviosas, hecho que convierte a la boca en una de las partes más sensibles de todo nuestro cuerpo, capaz de perturbar a las almas más sosegadas. Con los besos no sólo proporcionamos placer a nuestra amante; nuestro propio cuerpo, además, se estimula y anuncia que quiere más. Sus exigencias se traducen en forma de calor, de temblor y tensión en los músculos pero, sobre todo, a través de la excitación y del deseo, con avalanchas de deseo.

     Existen incalculables maneras de besar. En numerosos manuales sobre sexo se clasifican los besos dependiendo del papel que desempeñan los labios superior e inferior, la lengua y los dientes. Además, a la hora de catalogar el beso en cuestión, también se tiene en cuenta el movimiento y la presión que ejercen estas distintas partes de la boca. Pero, si lo pensamos bien, si recordamos cada uno de nuestros besos, nos daremos cuenta de que resulta imposible clasificar los besos en categorías cerradas.

     Indudablemente, existen besos apasionados, otros más suaves, algunos que se apoderan (literalmente) de la bocade la amante, con lengua o sin lengua, juguetones, acompañados de mordiscos: la variedad es infinita. Pero los besos nunca dejan de ser intuitivos, por mucho que besemos una y otra vez. No tienen un comienzo ni un desarrollo prefijado. Del mismo modo, no siempre besamos igual a todas las personas. Dos mujeres, dispuestas por primera vez a fundir sus bocas en una, son siempre, ambas, inexpertas en el arte de besar a la mujer con la que se encuentran frente a frente, boca a boca.

     No hay una forma perfecta o adecuada de besar. Son muchas las formas de hacerlo y muchos los lugares del cuerpo a los que otorgar besos, además de la boca. La estimulación con los labios y la lengua del resto del cuerpo puede provocarnos placeres que nos hagan enloquecer de manera sobrecogedora. Los besos no simbolizan únicamente deseo. También los damos y recibimos como señal de afecto y amor. Cuando besamos a nuestra amante, a aquella con la que no sólo compartimos la cama sino que también es amada bajo la piel, los besos toman un sentido distinto. Con ello, cuidamos y reforzamos sentimientos y mantenemos despierta la pasión. Todo encuentro debería terminar con otro beso.

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Fuente: Tu dedo Corazón

Tribadismo

     La palabra griega tribade, es sinónimo de lesbiana, significa "ella la que roza" y el tribadismo es la práctica del rose sexual entre dos sexos. Estas palabras en general no tienen buena acogida por no ser familiares. Pocas lesbianas usan la palabra tribadismo seriamente; no esperes que alguien te diga, "Hey baby, ¿quieres tribadear conmigo?". El tribadismo ocurre de manera natural cuando dos mujeres se acuestan juntas (ya sea una encima de la otra o tumbadas de lado) o cuando bailan agarradas. Las caderas se contornean, las pelvis se buscan, los pechos se encuentran, las piernas se enlazan y "voilà", surge el tribadismo.



     Aunque el tribadismo ha sido descrito en nombre de la ignorancia como "un intento desesperado de imitar a la heterosexualidad", la ondulación mutua es una jugosa delicia propia de las relaciones lésbicas. ¿Qué podría ser más lésbico que unos labios vaginales húmedos y calientes resbalando al frotarse contra los muslos de la amante? Y si vuestra anatomía es compatible, podríais incluso conseguir un contacto directo de labios con labios y clítoris con clítoris, ¡Capricho de diosas!.

     Si nunca has tenido un ogasmo "tribadal" y te apetece probarlo, experimenta con diferentes posiciones hasta que consigas la estimulación que desees. Frotaros una contra la otra, con las piernas entrelazadas y la vulva de cada una en el muslo de la otra, o pubis contra pubis. Quizá te excites más poniéndote encima, o debajo. La comodidad y excitación dependerá de la constitución física de cada una, y el probar técnicas y posturas diferentes es una actividad lúdica en si mismo, aparte de ser un ejercicio físico muy saludable

     Durante el acto de tribadismo, las lesbianas presionan y restriegan sus vulvas una contra la otra, estimulándose el clítoris y otras partes erógenas hasta alcanzar el orgasmo. El tribadismo se puede practicar por medio de diferentes posiciones. En algunos casos se puede conseguir un contacto directo de labio-con-labio y clítoris-con-clítoris. También hay poses de pubis contra rodilla o muslo y pubis contra pubis. Una variación es que una participante se estimule el clítoris contra los glúteos de su pareja mientras la estimula manualmente.

     Otra posición, que podríamos llamar “clásica” de tribadismo es generalmente llamada la "posición de las tijeras", consistente en el enlace cruzado, desde lados opuestos, de las piernas de las participantes. Movimientos de caderas, las pelvis se buscan, los pechos se pueden encontrar, como las piernas se enlazar. Caricias, roces, contacto pleno y torpe también. Se puede hacer dependiendo de gusto y placer de cada quien.

Postura Sexual: El Famoso 69

Dicen que la postura del 69 es la más famosa de todo el libro del Kamasutra. Y no sólo la más famosa, también puede convertirse en una de las más complicadas.



     El 69 es el “cunnilingus” disfrutado a la vez, ofrecido y saboreado mutuamente entre las amantes supone, para muchas lesbianas, una de las posturas sexuales más arrebatadoras. Son ambos los sexos deseosos de ser tomados por la lengua de su compañera carnal y ambas las bocas que buscan complacer a este deseo.

     A algunas les gusta dar y a otras les gusta recibir, pero con la postura del 69 se puede tener lo mejor de ambos mundos. Esta posición esta concebida para el sexo oral mutuo y simultáneo. Puede que sea un poco más difícil concentrarse en lo que uno hace con su lengua cuando ella está ocupada haciéndote un trabajito entre las piernas, pero la novedad de ser complacida mientras complaces es lo que hace que valga la pena el esfuerzo. Cuando se trata de hacer un 69, hay cosas que deberías hacer y cosas que no. A fin de que sea una experiencia placentera para ambas.

     Darse sexo oral mutuamente al mismo tiempo puede llegar a ser una de las situaciones más placenteras del mundo, siempre que no te dejes llevar tanto por la pasión que en tu momento de clímax, por ejemplo, le pegues un mordisco a sus genitales. Aquí te cuento todos los secretos de esta práctica tan famosa ¡Aprende a disfrutar gracias a este número mágico!

Ejercicios de Kegel

   Los ejercicios de Keggel, son ejercicios de contracción y relajación de los músculos alrededor de la pelvis, tanto para hombres como para mujeres. Su uso en el campo es que el ejercitar esos músculos específicos con este tipo de ejercicios, hacen que el impulso por el orgasmo se controle mejor en hombres, y en las mujeres, sea mas intenso.

   Esto sucede por que estos ejercicios de keggel trabajan con el músculo “pubocoxigeo” o también llamado “músculo del amor” que es el encargado de los espasmos del orgasmo.

Dos buenos ejemplos de este ejercicio son:


    Keggel lento: Aprieta los músculos como si intentases detener la orina, tirando de ellos hacia arriba. Contráelos y mantenlos así mientras cuentas hasta 5 respirando suavemente. Luego, relájalos durante 5 segundos más, y repite la serie 10 veces. Intenta aumentar progresivamente el tiempo de contracción y relajación. Empieza por 5 segundos en cada caso hasta llegar a los 20 segundos. Cuanto más tiempo consigas mantener la contracción de los músculos, más fortalecerás tu musculatura pélvica. Keggel rápido: Contrae y relaja los músculos tan rápidamente como puedas hasta que te canses o transcurran unos 2 ó 3 minutos. Comienza con 10 repeticiones, cuatro veces al día hasta alcanzar las 50 repeticiones diarias.

7 Falacias de la Homofobia

1. La homofobia es un prejuicio de los heteros contra los gays

   La homofobia no es patrimonio exclusivo de los heteros. Uno de los procesos más complejos por los que he pasado fue darme cuenta de la mucha homofobia que había interiorizado durante años. Mi primer paso para superar mi homofobia fue aceptarla. Hay gays y lesbianas homófobos, igual que hay heteros homófobos. Ser gay no es ningún antídoto. Muchos gays y lesbianas no soportan los esfuerzos de los colectivos gays por la visibilidad y normalidad. Los homosexuales que más se ocultan suelen ser también los más homófobos. Gran parte de las agresiones homófobas suelen ser ataques de jóvenes homosexuales en el armario que recurren a la agresión como intento de reafirmar su masculinidad. Muchos gays critican y rechazan el día del orgullo gay. La homofobia es algo que respiramos todos, homosexuales y heteros, a lo largo de generaciones. Por fortuna la situación está cambiando mucho, pero la historia de muchos años no se ventila en una década.



2. Se es homófobo o no se es

   La homofobia, como muchos otros prejuicios, no es una cuestión binaria. Hay muchos niveles. Una escala de muchos grados. No importa lo liberal que uno sea, todos tenemos prejuicios que nos hacen ser, queramos o no, machistas, racistas y también homófobos. Si tienes alguna duda prueba a hacer el test en inglés de Understanding Prejudice. Es un ejercicio que demuestra que, por muy liberal que uno sea, de manera inconsciente todos asociamos más fácilmente aspectos positivos a "lo masculino" y "lo blanco". Da igual que seas hombre o mujer, blanco o negro. Es alucinante y frustrante a la vez.

   Pensar que uno es totalmente liberal, sin prejuicios, es una trampa de nuestra inteligencia. Sólo siendo conscientes de los prejuicios que tenemos podemos verlos como lo que son: errores de nuestra inteligencia, miedo al que es diferente. Nunca se deja de ser homófobo del todo, hay que tener cuidado con los prejuicios que llevamos dentro. Para entender cómo funcionan los prejuicios recomiendo leer el libro de Malcolm Gladwell, Blink.

3. Yo no soy homófobo, tengo muchos amigos gays

   Recurrir a "yo tengo muchos amigos gays..." es la muletilla más común para justificar la homofobia. Cada vez que oigo la frasecilla viene un comentario homófobo a renglón seguido. Los gays tenemos gran capacidad para autojustificar la homofobia porque si no, de otra forma, nos quedábamos sin amigos. Me pasa lo mismo con la frasecilla de "no tengo nada en contra de..." es una forma de negar lo que se afirma a continuación. Tener amigos gays no es ninguna prueba de estar libre de homofobia.

4. La homofobia hace daño a los homosexuales

   El odio daña al odiado pero también al que odia. Una persona homófoba puede sufrir lo indecible al conocer que un hijo, un hermano, un amigo o un padre es homosexual. Sus prejuicios les hacen sufrir. Muchos conocemos de primera mano historias dolorosas de gente que ha sufrido mucho al ser incapaces de aceptar la homosexualidad de un ser querido. La homofobia puede acabar volviéndose con virulencia contra el homófobo como un veneno bebido durante mucho tiempo. Aún más dolorosas son las conspiraciones de silencio que se instalan en muchas familias incapaces de aceptar la realidad de un hijo gay o una hija lesbiana. Pensar que la homofobia sólo hace daño a los homosexuales es no querer ver que el daño va más allá.



5. La homofobia se supera con tolerancia

   Para la Real Academia la tolerancia es "respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias las propias". Toleramos aquello que nos molesta. Lo que está mal. Lo que no nos gusta. Toleramos el ruido, los malos olores, el calor, los dolores de dientes, las colas de espera. Tolerar la homosexualidad es una forma de homofobia. ¿Sería aceptable decir que alguien "tolera" las mujeres? ¿que "tolera" los ancianos?. La tolerancia no es una forma de superioridad moral. Todo lo contrario, es un signo de repulsa. Superar cualquier prejuicio como la homofobia es aceptar y abrazar al que es distinto, entender que, en la diversidad, hay mucho que aprender sobre nosotros mismos. No se trata de tolerar sino de aceptar, dar la bienvenida y acoger al que es distinto.

6. La homofobia consiste en insultos y agresiones

   Los ataques homófobos, las agresiones o los insultos, son una forma de homofobia. Quizá la más visible, pero no la única. La presencia de la homofobia es mucho peor cuando está presente en sistemas legales e instituciones. Muchos países discriminan a las parejas homosexuales en legislación familiar y de pareja. En nuestro país la ley de reforma del código civil que da los mismos derechos a las parejas gays está recurrida ante el Tribunal Constitucional. Hay países donde la homosexualidad está penada con la muerte. Varias instituciones tienen regulación específica de expulsión para homosexuales. En otras ocasiones la homofobia se expresa con mofa, chistecillos o sólo un tratamiento diferente por ser homosexual. Muchos homosexuales se ven forzados a ocultar su orientación ante sus compañeros de trabajo mientras los demás hablan tranquilamente de su vida. La homofobia no consiste sólo en un insulto anónimo en la calle.

7. No habría homofobia si los gays fuesen de otra manera

   Esta es la forma más clara de homofobia. Justificar el odio en el comportamiento del que es odiado. Echar la culpa a la víctima de su situación. Tienen lo que se merecen. No nos gustan. Respetando las reglas de nuestra sociedad y tratando a los demás con humanidad, cada uno tiene derecho de ser como le venga en gana. Ahí está el sentido de la marcha del orgullo gay: celebrar la diversidad. No se puede justificar la aversión porque no nos guste "cómo es alguien". Qué aburrida sería la vida si todos fuésemos iguales. Qué aburrida si todos fuésemos como los demás quieren que seamos.


   La homofobia es un error de la inteligencia que tiene su base en el miedo al que es distinto. Como todo prejuicio, se basa en la etiquetación de una persona como parte de un grupo. Pero no existe una única forma de ser gay, igual que no existe una forma única de ser veinteañero. Cada persona es distinta. Dejar de ver la persona como individuo para ver sólo la persona como parte de un grupo es el origen de los prejuicios sobre "las mujeres", "los catalanes" o "los gays". Aceptar a los demás como son y aprender de todos es la forma de disfrutar y aprender de la enorme diversidad de la humanidad.

Tipos de Bisexualidad

   El Dr. Fred Klein, en su libro "La opción bisexual" clasifica la bisexualidad en tres categorías: transitoria, histórica y secuencial.


Transitoria: Un bisexual transitorio es una persona que (probablemente) esta pasando de la heterosexualidad a la homosexualidad. Pasar en la otra dirección es menos corriente. Según el Dr. Klein, el paso hacia cualquiera de esas direcciones puede ocurrir en un periodo corto de tiempo, pero puede tardar más de un año en completarse. Si se evalúa a una persona durante ese periodo, su orientación parecerá bisexual; pero si se hace algún tiempo después entonces se mostrará homosexual o heterosexual.

 Histórica: La persona bisexual histórica es alguien cuya orientación es esencialmente heterosexual o homosexual, pero que en algún momento ha tenido alguna experiencia o alguna fantasía con una persona cuyo sexo era contrario a su orientación.

 Secuencial: En esta categoría, la persona tiene una relación con una persona de un sexo, y a continuación, con una del otro sexo. Su compromiso en la relación es igual en cada caso. El número de estas relaciones variará, dependiendo de las necesidades de la persona.

   La idea principal es que la persona con una orientación bisexual no encaja en un molde simple. Hay grados y matices de comportamiento y actitud, todos los cuales hay que considerar y resultan de una complejidad que todavía no se acaba de entender.

Bisexualidad

¿Te han atraído alguna vez personas de los dos sexos? ¿Crees que eres bisexual pero no estás segura? La bisexualidad es otra opción sexual más común de lo que tú te piensas. ¿Alguna vez te has sentido atraída por una chica pero sabes que no eres lesbiana? Te damos las claves para saber si eres bisexual, punto por punto, avalados por informes científicos.

   Alfred Kinsey, uno de los más importantes investigadores sexuales, afirma en el conocido informe que lleva su apellido que la sexualidad es bastante más compleja de lo que se piensa habitualmente.

  La orientación bisexual comprende todo el territorio entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad. Las personas bisexuales no se sienten atraídas necesariamente por igual a los dos sexos, y algunos tienen preferencia por uno u otro. Kinsey asegura que al describir el comportamiento erotico general de la sociedad, existe un completo y cromático espectro que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva. Aunque en realidad la mayoría de las personas se encuentran en los estratos intermedios entre ambas opciones, es decir, la mayoría, según este investigador, somos bisexuales. Así demuestra que la homosexualidad y la heterosexualidad no son definitivas, absolutas e independientes una de otra, ni tampoco excluyentes.

   Las personas bisexuales, igual que las de cualquier otra orientación, pueden asumir varios tipos de relaciones, tales como monogamia, poliamoría, polifidelidad, promiscuidad, sexo grupal, y celibato. Para aquellos que tienen más de una pareja sexual, éstas pueden ser o pueden no ser todas del mismo sexo.

   Dado que algunos bisexuales no se sienten que encajen ni en la comunidad gay ni en el mundo heterosexual, y dado que tienden a ser "invisibles" en público (confundiéndose sin problema en las sociedades homosexual y heterosexual), algunos de ellos han formado sus propias comunidades, cultura, y movimientos políticos. Sin embargo, puesto que la orientación bisexual puede estar en cualquier punto entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad exclusivas, otros de los que se identifican como bisexuales prefieren formar parte de la sociedad homosexual o heterosexual.

   La bifobia, es un neologismo que se refiere al rechazo irracional hacia las personas bisexuales o hacia la bisexualidad misma. Refiere al punto de vista de que las personas deben pertenecer obligatoriamente a alguna de las otras dos orientaciones sexuales (heterosexualidad u homosexualidad). A esta actitud puede denominarsele monosexualidad obligatoria. Los y las bisexuales pueden ser objeto de ataques bifóbicos pues se les exije una supuesta "definición" de su orientación sexual en términos dicotómicos de homosexualidad o heterosexualidad. Sin embargo, la bisexualidad puede ser considerada una orientación tan definida como las otras.

    Lesbianismo

    Lesbision | 23:57 | |
         Lesbianismo es el término empleado en español para hacer referencia a la homosexualidad femenina. La palabra lesbiana se utiliza para hacer referencia a una mujer homosexual, es decir, una mujer que se identifica a sí misma, o a la que otros caracterizan, por su deseo hacia otras mujeres.

         El concepto de lesbiana empleado para diferenciar a las mujeres que comparten una orientación sexual es un constructo del siglo XX. Aunque la homosexualidad femenina se ha encontrado en muchas culturas a lo largo de la historia, no ha sido hasta recientemente cuando la palabra lesbiana ha comenzado a decribir a un grupo de personas. A finales del siglo XIX los sexólogos publicaron sus observaciones sobre el deseo y conducta hacia personas del mismo sexo, y distinguieron a las lesbianas en la cultura occidental como una entidad distintiva. Como resultado, las mujeres que se dieron cuenta de su nuevo estatus médico formaron subculturas underground en Europa y Norteamérica. El término lesbiana fue ampliado en la década de 1970 con la influencia de la segunda ola del feminismo. Desde entonces los historiadores han reexaminado las relaciones entre las mujeres, y cuestionan qué es lo que hace que una mujer o una relación puedan calificarse de lesbianas. El resultado de este debate ha introducido tres componentes a la hora de identificar a las lesbianas: conducta sexual, deseo sexual, o identidad sexual.

         La sexualidad de las mujeres a lo largo de la historia ha sido en su mayor parte construida por hombres, los cuales han limitado el reconocimiento del lesbianismo, como posibilidad o expresión válida de sexualidad, debido a la ausencia de hombres en una relación lésbica. Los primeros sexólogos basaron sus caracterizaciones de las lesbianas en sus creencias de que las mujeres que desafiaban sus estrictamente definidos roles de género estaban mentalmente enfermas. Desde entonces, muchas lesbianas han reaccionado a su designación como marginadas inmorales mediante la construcción de una subcultura basada en la rebelión de los roles de género. El lesbianismo ha estado en ocasiones de moda a lo largo de la historia, lo que afecta a cómo las lesbianas son percibidas por los demás, y cómo se perciben a sí mismas. Algunas mujeres que realizan conductas homosexuales pueden rechazar la identidad lésbica por completo, y rechazar definirse a sí mismas como lesbianas o bisexuales.

         Las diferentes maneras en las que las lesbianas han sido representadas en los medios de comunicación sugiere que la sociedad occidental en su conjunto ha estado simultáneamente intrigada y amenazada por las mujeres que desafían los roles de género femeninos, y fascinada y asombrada con las mujeres que se relacionaban románticamente con otras mujeres. Sin embargo, las mujeres que adoptan la identidad lésbica comparten experiencias que conforman un panorama similar al de la identidad étnica: como homosexuales, están unidas por la discriminación y el rechazo potenciales que sufren por parte de sus familias, amistades y otros. Como mujeres, tienen preocupaciones distintas a las de los hombres. Las lesbianas tienen la posibilidad de encontrarse con problemas de salud específicos. Las condiciones políticas y las actitudes sociales también continúan afectando la formación de relaciones y familias lésbicas.

    Preguntas frecuentes sobre Lesbianismo:

    ♦ ¿Qué significa ser lesbiana?
    ♦ ¿Cómo sé si soy lesbiana?
    ♦ ¿Soy normal?
    ♦ ¿Cómo es ser joven y lesbiana?
    ♦ ¿A quién debo contárselo?

    Squirting: La Eyaculación Femenina

    ¿Has escuchado hablar alguna vez del squirting? años atrás mucha gente hubiera dicho que no, pero hoy en día parece que se está poniendo de moda.


         El squirting es la palabra inglesa con la que se define eyaculación femenina. Algunas mujeres tienen la facilidad de poder eyacular de una manera parecida a los hombres, expulsando gran cantidad de líquido, cuando se estimula el punto correcto.

         Parece que esta particularidad está a la orden del día. Hace algunos años no solía ser algo que atrajera a muchos hombres ni mujeres, o al menos eso parecía, era un tema bastante desconocido y tabú. Pero como con todo, las cosas cambian y la mentalidad de la gente se abre a nuevas experiencias. Aún siguen existiendo muchas conjeturas sobre que es realmente el squirting. Mucha gente más que verlo como una eyaculación femenina, cree que únicamente se trata de pérdidas de orina, tal vez de ahí venga la poca aceptación y los prejuicios al respecto. Hay que dejar claro que este líquido no es orina, ni tampoco es el flujo habitual que tienen las mujeres cuando están excitadas. Con la estimulación del conocido punto G, se puede lograr el squirting. En su ubicación, quedan situadas muy cerca las glándulas uretrales, las responsables de segregar este tipo de fluido.

         A pesar de que lo habitual es que estas secreciones pasen desapercibidas durante la relación sexual, lo cierto es que las mujeres que tienen estas glándulas más desarrolladas pueden experimentarlo de forma más evidente, pudiendo llegar a ser “incómodo aunque muy placentero”, aseguran los expertos, si no se tiene la suficiente confianza con la compañera de alcoba.

     

         Este fluido no se parece al típico flujo vaginal, la textura es mucha más líquida, el color es casi transparente, su sabor es distinto y la cantidad es mucho mayor. Su composición es básicamente de glucosa, fructosa y fosfatasa ácida prostática y proviene directamente de la uretra.

         Las mujeres que tienen facilidad para ello, lo notaran rápidamente al estimularse, las que no la tengan y quieran probarlo, deben ir con cuidado ya que es una zona sensible. Hay que remarcar que según los especialistas, el squirting no hace que el orgasmo sea más placentero, únicamente es una forma más de hacer disfrutar a nuestro cuerpo y vivir nuevas experiencias.

         En lo que todos los expertos parecen mostrarse con unidad de criterio es la forma de conseguir un squirting. Según los médicos que han estudiado este fenómeno sexual femenino, la manera de experimentarlo durante el orgasmo se consigue estimulando el punto de Gräfenberg, más conocido como “punto G” pues, cuando la mujer está excitada, las glándulas de Skene se llenan de líquido y, como con el orgasmo, la pelvis se contrae y aprieta los diferentes órganos de la zona, entre los que se encuentran estas glándulas, produciéndose el rebosamiento y posterior salida de la consabida sustancia líquida.

    El Placer Multiplicado: Multiorgasmo

       Los multiorgasmos u orgasmos múltiples son el “Santo Grial” del sexo. Técnicamente, ocurren en sucesión, sin una completa pérdida del deseo sexual entre medio. Las mujeres fueron bendecidas con la habilidad de tener orgasmos múltiples casi naturalmente. Pero no muchos hombres están al tanto de que, con el entrenamiento adecuado, también pueden experimentarlos.


       Como decía al principio, multiorgasmos se refiere a orgasmos que ocurren rápidamente, uno después del otro, tal vez separados sólo por unos segundos. Cuando las mujeres tienen orgasmos múltiples, ellas “rebotan” de atrás para adelante desde una gran excitación al orgasmo, hasta que sienten que desean parar. Esto puede ocurrir cuando están solas, cuando están con alguien, y con o sin un vibrador.

         Psicológicamente, las mujeres pueden ser excitadas y alcanzar el orgasmo una y otra vez. A menudo las mujeres no tienen más de un orgasmo debido a que, una vez que logran el primero, la estimulación de parte de sus parejas se detiene. Muchas mujeres, sin embargo, se sienten satisfechas con un orgasmo, mientras que otras necesitan más. Lograr orgasmos múltiples o multiorgasmos depende del control que tengas sobre tu cuerpo mientras tienes relaciones sexuales.

    Orgasmo Femenino

       En casi todas las culturas el orgasmo fue un bien preciado y una meta anhelada como fuente de satisfacción erótica. Considerado como el clímax de la excitación sexual, fue, por ello mismo, promovido, perturbado o reprimido y censurado. El hecho básico relacionado con el orgasmo es el del placer; aunque muchos se preguntarán si acaso no estaría más relacionado con el aspecto reproductivo. En el caso del varón lo es sólo parcialmente, puesto que él tendrá incontables orgasmos, pero pocos de ellos destinados a generar hijos, y en las mujeres no es necesario para que se produzca el embarazo.

       El orgasmo es un breve episodio de liberación física del aumento previo de la tensión muscular, de la congestión sanguínea pélvica y de la sensación corporal de excitación, y la percepción subjetiva de este clímax. Esta liberación energética se evidencia por descargas musculares rítmicas a nivel genital; aunque también comprometen el resto del cuerpo. Estas contracciones son sumamente placenteras para ambos sexos y producen una sensación de alivio y relajación. Después de ellas al hombre y a la mujer los invade una sensación de placidez, bienestar y afecto mutuo.

       El orgasmo es una sensación absolutamente subjetiva: es como sentir que toda la existencia se condensa en un instante, se expande y explota en un grito de plenitud y triunfo. Es como perderse en el infinito y salir de él, es ganar energía, fuerza, vitalidad; es como sumergirse en un oleaje profundo y rítmico que nos arroja a la superficie clara y vital.


    Masturbación Femenina

       La masturbación es para muchas personas la primera actividad sexual. Con ella descubrimos nuestros sentimientos eróticos y aprendemos a no avergonzarnos de ellos ni de nuestros genitales. Es la mejor manera de ir conociendo el sexo y de desprenderse de viejos temores e inhibiciones.

         A través de la masturbación femenina, las mujeres tienen la posibilidad de descubrir las zonas más sensitivas y placenteras de sus cuerpos. Aprendiendo a conocerse y a estimularse a sí mismas, las mujeres no solo alcanzarán más placer a través de la auto-estimulación, sino que podrán educar a sus parejas para que conozcan y estimulen estos puntos

    El conocerte a ti misma a través de la masturbación femenina es la mejor
    Receta hacia una sexualidad plena.

       La represión sexual que han vivido durante muchos años las mujeres las ha conducido a buscar otras zonas de su cuerpo en las que recrearse para obtener placer sexual en solitario sin tener que centrar su empeño en los genitales.

       Acariciar los senos, la parte interior de los muslos, la tripa o las manos puede resultar tan placentero para algunas mujeres como estimular directamente el clítoris. Aún así, este es la fuente de placer por excelencia a la que no se puede renunciar.